domingo, 22 de septiembre de 2013

“TRES DIAS HAY EN EL AÑO…" (2)

… que relucen más que el Sol, Jueves Santo, Corpus Christi y La Ascensión”. El Corpus,  era la fiesta mayor, solemne y oficial de los pueblos. La semana pasada  les contaba que el pintor valenciano Salvador Abril, con motivo de su  visita a Jávea en junio de 1915, escribió un librito Recuerdos de mis excursiones, en el que  Manuel Bas y Julio Cruañes fueron anfitriones del mismo, y al que hicieron grata su estancia en la villa. La primera excursión marítima se hizo a la Cova Tallada, en donde el pintor, les dijo a los excursionistas, que el rey Felipe III, cuyo valido era el Marqués de Denia, Francisco de Rojas Sandoval, en su viaje de 1599 a dicha ciudad, había visitado la cueva, y se colocó una inscripción conmemorativa en latín que con el tiempo ha desaparecido. El pintor llevaba siempre consigo su caja de pinturas e iba tomando apuntes del paisaje.

La segunda excursión tuvo como singladura toda la costa, desde el embarcadero del puerto, hasta la cala de la Granadella,  a base del esfuerzo de los  cuatro remeros. Nada más doblar el cabo San Martín, y adentrarse en aguas más profundas, se levantó marejada y el bote, fuertemente impulsado por los remos, tomó rumbo al Sur, y salvando la isla del Portichol, y el Cabo Negro, se plantaron en aguas del cabo La Nao, en donde les esperaban las maravillosas cuevas allí existentes, en las cuales se adentraron para el placer y gozo de los sentidos. Al salir de las mismas, el mar agitado y en condiciones desfavorables, daba fuertes bandazos a la barca, que gracias a la pericia de Toni, como capitán y a los cuatro tripulantes pudieron salir indemnes de la situación. Julio Cruañes afirmaba “Entre tantos pintores que he visto trabajar en estas costas, jamás vi ninguno que lo hiciese en estas condiciones”. Las olas embravecidas –cuenta el pintor- iban  en aumento, y Toni aconsejó buscar refugio para el “Dengue” y sus ocupantes. Lo hicieron en la playa de la Granadella, oculta entre grandes rocas. Seguros allí, y después del arròs abanda con su indispensable all i oli condimentado por Toni, se echaron una siesta panza al cielo. Al rato, el mar encalmó y pudieron regresar felizmente, sin los imprevistos  de la mañana. Concluida la excursión, al día siguiente se celebraba la  fiesta del Corpus. Para  mayor veracidad,  reproduzco textualmente los recuerdos del pintor Salvador Abril sobre  la solemnidad de la procesión.

 “D. Julio, que siempre se desvivía por procurarnos amena distracción, nos hizo ir al Casino, donde tomamos café, e invitándonos a ver la procesión del Corpus, que había de pasar por su casa.  Los balcones competían acumulados de macetas llenas de flores, y engalanados con elegantes colgaduras de ricos damascos, y los más humildes, con bonitos cubrecamas hechos de punto de gancho por las habilidosas mocitas, y adornados con cintas de colores vivos…la belleza que ofrecían aquella pléyade de encantadoras jóvenes que, vestidas con mil galas, respiraban auras de amor y de contento. Otras, en las grandes rejas de plantas, departían afanosas con sus arrogantes novios. Llegamos a la calle de Cánovas (hoy Engrenyò),  entramos en la casa de D. Julio, y saludamos a su cariñosa hermana y demás personas que ya le esperaban. Nos obsequió éste y pasamos a su despacho donde una descomunal reja nos separaba de la calle…las campanas alegres amenizaban la fiesta… Lo primero que desfiló fue la Enramá con sus carros adornados. Pronto se dejaron oír el tabalet y la dolsaina. Abría la comitiva una gran bandera, a la que seguían las Hermandades y Cofradías,…llevaban preciosas imagines…seguía a estas la Cruz parroquial y el Clero, entre niños vestidos de ángeles…el incienso envuelve el espacio…y cae gran lluvia de flores sobre el palio que cubre el Santísimo…Siguen los Clavarios, las Autoridades locales, de la Marítima y Cuerpo de Carabineros. La Banda ejecuta una majestuosa marcha de carácter clásico, cerrando el cortejo una Compañía de Carabineros con el ramito reglamentario del caso, y a continuación van los Alguaciles llevando los sombreros de las Autoridades y de los representantes del elemento oficial. Detrás aún sigue una masa compacta de mujeres que, en cumplimiento de promesas que hicieran, van en su mayoría descalzas. Las campanas lanzadas al vuelo formaban una armónica confusión con la Marcha Real y las aclamaciones, cánticos y vivas de la multitud”. Ese era el Corpus de hace cien años.


                                              Mayo 2013

“TRES DIAS HAY EN EL AÑO…” (1)

… que relucen más que el Sol, Jueves Santo, Corpus Cristi y La Ascensión”, se decía antes. Hoy por razones políticas, estos tres días han dejado de lucir. La fiesta del Corpus, es la fiesta en honor de la Eucaristía. Era la solemnidad del Cuerpo de Cristo, una fiesta instituida en el siglo XIII por el papa Urbano IV, que fijó su celebración el jueves siguiente a la Octava de Pentecostés. Esta fiesta, se celebraba con mucho fervor en todos los pueblos y ciudades de España, pero sobre todo en Toledo, vieja capital imperial,  en la cual, ese día se concentraba el poder eclesiástico, representado por el Primado y el poder político encabezado por el Caudillo Franco, que presidía junto con el Cardenal la solemne procesión del Corpus, cubiertos bajo el palio catedralicio. Toda esta solemnidad religiosa tenía su fundamento en que antes de la promulgación de la Constitución de 1978, el Estado declaró que la Religión Católica, Apostólica y Romana era la oficial del Estado español. A partir de 1978, el Gobierno, al acoplar el calendario laboral y en su condición de aconfesional suprimió esas tres fiestas. El jueves Santo, el Corpus y La Ascensión, la Iglesia los ha trasladado del jueves al domingo siguiente. En estas líneas, quiero reflejar cómo se celebraba en Jávea el Corpus hace cien años. Para ello, me he servido de una publicación, un librito de 38 páginas, Recuerdos de mis excursiones, publicado en 1915 por el pintor de Alcira Salvador Abril Blasco, después de la visita que hizo a esta villa. Este pintor fue contemporáneo de Joaquín Sorolla, pues tenían casi misma edad, nacidos en 1864 y 1863, respectivamente. Más adelante relataré,  la descripción que hace Abril de la procesión del Corpus local.
Hace un par de años, en éstas mismas páginas hice alusión a este tema, pero hoy lo redondearé con otros datos. Este artista alcireño, y un amigo llamado Alfredo, decidieron en el mes de junio de 1915, efectuar una visita a Javea, que no conocían. El viaje lo emprendieron de madrugada en la estación de trenes del Norte, de Valencia. En Carcagente, hicieron trasbordo al ferrocarril de Denia, y se apearon en Vergel para tomar la diligencia que les conduciría a esta villa. A la anochecida, el carromato con sus castigados viajeros hacia su entrada y final de trayecto en la placeta del Convent. Un viaje de sol a sol. Tuvo éste pintor dos anfitriones de reconocido arraigo, que le hicieron grata su estancia en el pueblo. Ellos fueron, un acomodado agricultor, Manuel Bas, cuyo hijo Pedro era discípulo del maestro pintor, y con el tiempo, el alumno fue el padre del bibliófilo e investigador Manuel Bas Carbonell. El otro anfitrión, Julio Truhanes Soler, antepasado mío, era  terrateniente, abogado, y diputado provincial por Denia y Callosa de Censaría, del Partido liberal de Canovas del Castillo. Era soltero, y vivía con su hermana Pura,  en la calle Canovas (hoy barrer Engrenyó).
Tanto Bas, como Cruañes, pusieron todo el empeño por su parte para que la estancia del artista fuera lo más agradable. Así como la visitas de Sorolla, descubridor de la luz y belleza del paraíso javiense, tuvo fases prolongadas, en las cinco ocasiones en que visitó la villa, el pintor Abril, tuvo menos ocasiones. De vez en cuando, ambos pintores eran acogidos por Julio Cruañes, en su casa de la Mesquida de les Pedres, encima del puerto.
Quiero hacer un pequeño resumen del librito Recuerdo de mis excursiones para que vean con que cariño y hospitalidad, Manuel Bas y Julio Cruañes, trataron de agradar al pintor y a su acompañante  en su escapada a esta villa. Al programa de excursiones programado por sus dos anfitriones no le faltaba nada. Para empezar, y  una vez acomodados ambos viajeros en la fonda, Manuel Bas, les obsequió en su casa con una buena cena a base de chulletes y vinet del país, según dice el libro. Fijado el programa y el itinerario a seguir en los próximos días, se fueron a descansar sus fatigados huesos. Este programa tenía la particularidad de dar a conocer a estos forasteros las bellezas del litoral desde una embarcación.  Gracias a la buena amistad y relaciones que tenían ambos personajes de Jávea, un marinero de Triana, llamado Toni, puso a disposición de los mismos su “llaut”, de cuatro remos llamado “Dengue”, con una tripulación de cuatro esforzados hombres encargados de la dura tarea de bogar durante horas, a brazo partido sin ayuda de velas ni motor. La primera excursión marítima se hizo a la Cova Tallada. De ella y de las demás singladuras les hablaré la semana que viene.
                           
                               Mayo 2013

LEER POR ENCARGO

La lectura es una capacidad propia del ser humano, fuente de conocimientos  y motivo de satisfacción y placer para el espíritu. Me viene a la memoria una anécdota relacionada con la lectura de un libro del que hablaré a continuación. La lectura como tal y en sí misma, es una actividad personal que normalmente no admite delegaciones. Se puede leer para un ciego (que no conozca el Braille) y para un analfabeto, pero la lectura es cosa personalísima, y se puede realizar en cualquier momento y situación, desde un retrete, hasta comiendo, pasando por leer en la cama o en la playa. La lectura es imposible cuando el estado de ánimo o  una grave preocupación impide la concentración y la serenidad del espíritu. El mejor ejemplo de leer  para los demás se daba en los conventos, cuando la comunidad religiosa acudía al refectorio para alimentar el cuerpo, ya que el alma se alimentaba en el templo. Allí, en un púlpito adosado al muro, el religioso o religiosa elegido, leía para la congregación. Otra forma de leer es por encargo, y aquí es donde encaja la anécdota que les voy a relatar. Empieza de esta manera. En mi estancia profesional en Albacete, conocí a un fabricante de calzado de Almansa, que tenía establecimiento abierto en Madrid. De esa zapatería eran clientes, Manuel Fraga y su señora. El industrial manchego, veraneaba en ésta villa, y era propietario de un apartamento en el segundo Montañar, que lo disfrutaba con su familia. Esta circunstancia hizo que nuestra amistad se incrementase todavía más, pues yo le contaba todo lo que le interesaba saber de Jávea. Como es sabido Manuel Fraga Iribarne, fue uno de los políticos más destacados del régimen de Franco. Era catedrático, ocupó varias carteras ministeriales y desempeñó el cargo de embajador en Londres, entre otras actividades, además de  escritor. Entre mi amigo manchego, y Fraga existía un buena amistad, y en una de las visitas que hizo éste a la tienda de calzado, le regaló el libro que acababa de publicar titulado Memoria breve de una vida política, (1980), con la consabida coletilla “¡espero que te guste, ya me darás tu opinión!”. Esta última recomendación al industrial albaceteño le trajo preocupado durante algún tiempo, pues este no era muy aficionado a la lectura y los libros se le caían de las manos, apenas comenzados. Este empresario personificaba, el dicho “Zapatero, a tu zapatos”, porque de  leer, nada. El periódico,  todo lo más. Mi amigo, llegado el verano, metió el libro en la maleta, con  intención de hincarle el diente en su apartamento del Montañar. Pero la galbana del verano y sus ratos en el barco, fueron una montaña difícil de superar. Un día me lo encontré en el Club Náutico, y me dijo un poco apurado,  “¡regreso dentro de una semana a Madrid, y no ha habido forma de echar mano al libro de Fraga! Me voy a ver en un compromiso, cuando venga a la zapatería, y me pida opinión del mismo. Sería una desconsideración decirle que no lo he leído”. Entonces, me hizo la siguiente proposición como buen negociante. “Te regalo el libro, a cambio de que lo leas en una semana, y un día comemos juntos y me cuentas lo  mas interesante, para comentarlo con Fraga, y darle el gusto de haberlo leído, vale?, Pues, por mi vale”. Y así fue, como después de empapármelo,  se lo hice “tragar” a mi amigo, con el mismo  apetito con que estábamos tragando las gambas servidas en la mesa. El libro, de 400 páginas, esta escrito en forma de diario. De Jávea, entresaco lo siguiente: “Sábado, 3 (junio de 1967): viaje a Javea. Inauguro El Tossalet, bella y original urbanización entre naranjos, en la millor terreta del món; obra de una mujer valiente, la riojana Julia Giménez Muro. El ministro de Hacienda, que, veranea allí, inaugura una iglesia modernista, para la que ha ayudado. Toda clase rumores sobre los intereses creados en una urbanización, El Arenal, que tiene la enemiga del pueblo. Franco, embarca en el yate Azor, para pasar una semana por el Mediterráneo”. En otra parte del libro, habla de Mariano Navarro Rubio, “Era, sin duda, una de las figuras importantes del Gobierno; Franco, lo estimaba mucho; él lo sabía, y se engolaba un poco; gran defensor de los intereses y de las gentes del Opus….”En definitiva, el libro de Fraga tiene un valor de testimonio político de una época. Pero su prosa, como diario que es, carece de amenidad y belleza. Todo acabó  bien. El zapatero, satisfecho de “haber leído” a Fraga;  éste contento de “saberse leído” y, yo de quedar “ciego” de marisco. ¿Quién quiere que le lea a este precio?
 

                                                   Mayo 2013

LA PETACA

La petaca es el estuche, generalmente de piel para llevar tabaco. También se utiliza la petaca de metal para contener algún licor. El uso de la petaca como contenedor del tabaco de fumar (hay tabaco de fumar, de mascar y de inhalar), ha desaparecido y hoy es un utensilio pasado de moda e histórico. La petaca tenía una significación social, pues tenía el efecto de llamada o atracción cuando la misma salía del bolsillo del fumador, y éste anunciaba: “Està bé, anem a fer-nos un cigarret”. Era un ritual, aceptar la petaca, sacar el librillo de papel, liar el cigarro, y fumar en grupo. Los hombres de la década de los 40, siempre llevaban en sus bolsillos la petaca, como elemento integrante de la personalidad,  del mismo modo que la mujer usa bolso para llevar sus efectos personales. La mayoría de la población masculina era fumadora,  por vicio y por pasatiempo.  No se conocía ni se hablaba del efecto pernicioso del tabaco, ni existían las campañas disuasorias del abandono del mismo.  Se vivía de espaldas a la realidad dañina del tabaco. La petaca se llevaba como hoy se lleva el móvil. Las mujeres, no la  manejaban, por razón  de que no fumaban tabaco de picadura para liar, y las pocas que lo hacían no lo hacían en público, pues se consideraba como vicio varonil. Solo fumaban pitillos americanos de tabaco rubio en reuniones privadas o familiares y sosteniéndolos con los dedos de la mano derecha. De igual manera el hombre siempre lo hacía con la mano izquierda.

En aquella sociedad agrícola, que era la base de la economía local, la `principal ocupación de los hombres era el trabajo en el campo. Los jornaleros que lo hacían al servicio de los terratenientes y hacendados lo hacían por “collas”,  y su trabajo era duro, ya que las labores de la tierra había que hacerlas a mano. Ello comprendía,  sembrar, plantar, cavar, labrar, regar, y recolectar, de sol a sol, con frío o calor. De vez en cuando, cuando el esfuerzo los deslomaba, se tomaban un respiro y un alto en su faena, diciendo: “Nem a parar, pera beure y fumar”. Después de echar un trago del botijo, se sentaban en tierra, sacaban sus petacas, liaban el cigarro, lo encendían con el chisquero de mecha y fumaban placidamente relajando sus castigados riñones. El hombre,  que trabajaba en la tierra, al terminar su faena acudía al hogar donde le esperaba la mujer que como es sabido estaba dedicada a las labores de la casa y a atender al mismo, del que dependía en muchos aspectos. Su oficio se conocía “como sus labores”. Los maridos en su natural tendencia a relacionarse después de la soledad campestre, lo hacían en los bares y casinos alternando la conversación con el juego de cartas. Disfrutaban su tiempo libre echando partidas al tute, a la brisca o el dominó, en medio de grandes voces  cuando se cosechaban triunfos o se recriminaban las malas jugadas. Los que no participaban en el juego, se arremolinaban alrededor del mostrador o se aglomeraban en la puerta en animada charla. Se les veía en los bares más concurridos de  entonces, como el   Bar “El Noy”, el Imperial,  el “Perol”, de Torres , el Sindicat y otros…Como esta alternancia se hacía a base de corrillos, cuando alguien echaba mano a la petaca, era norma que el que invitaba  daba a pasar la petaca al grupo, y se fumara en comandita. En la época de las distintas “collites” de cultivos, los corredores se pateaban los bares tratando de comprar cosechas para los almacenistas.  Era frecuente oír en los corrillos de hombres,  preguntar a estos corredores, “a com  pagueu”, y si había conformidad en la oferta y demanda, se cerraba el contrato verbal con la firma y rúbrica de un apretón de manos. Fumar agrupados tenía el efecto de la buena armonía y recordaba a los indios  del oeste americano, fumando la pipa de la paz, con los blancos. Esta práctica de hacerlo en sociedad, aglutinaba a la gente y hacía que un misterioso manto de solidaridad uniera a los fumadores.

La petaca era utilizada para tabaco de “picadura” que venía apretujado en cajetillas conocidas como el “cuarterón”. Hoy el tabaco que se lía es de hebra. La mujer, en éste  vicio, ha evolucionado igual que el hombre. Este ya no usa la petaca, pero ella, ha hecho del bolso su petaca, en donde aparece el tabaco, el librillo de papel y el encendedor. La mujer así lo quiere y está en su derecho.


                                               
                                                        Mayo 2013

domingo, 5 de mayo de 2013

CURVAS DE MUJER


Con la llegada de la primavera se producen en la persona unos efectos en los sentidos que nos llevan a un estado de equilibrio y sensibilidad diferente al resto de las estaciones del año. Conservo de mi madre, un número extraordinario de la revista semanal Crónica que se publicaba en los años 30 del siglo XX. Este ejemplar corresponde al año 1934,  dedicado completamente a la mujer con motivo de la entrada de la primavera. De la lectura de sus amarillentas páginas se aprecia el paso de los 79 años transcurridos desde entonces y los avances sociales de la mujer. La mujer en la década a la que nos estamos refiriendo, estaba marginada e ignorada de la sociedad regida por los hombres, y en un plano de inferioridad respecto del varón. Para la realización de determinadas actividades necesitaba la licencia marital, y debía seguir a éste allá donde fijara su residencia, con excepción de ultramar (América). Bajo estas perspectivas poco favorables, la revista Crónica,  trataba de informar a la opinión pública, que la mujer estaba luchando y abriéndose camino hacia la igualdad con el hombre. Eran los comienzos de la lucha por la equiparación de sexos en la sociedad. La revista tiene una primera parte dedicada a las ñoñeces de la mujer propias de la época. Así vemos a la mujer desde niña, con su vestidito rosa y su muñeca; a la mujer adolescente y enamorada, con su corazón abierto a los  misterios del mundo; a la mujer madre, de cuyo amor nacen los hijos; a la mujer en el deporte, con peligro de perder belleza si desarrolla músculos…etc. Este era el escalón en que se hallaba la mujer en los años 30, y que eran un resumen de la posición de la misma en el mundo. Pero junto a éstas cualidades ya pasadas de moda, la revista se preocupaba del nivel intelectual de ellas. Cuenta como un logro,  que en la Universidad central de Madrid, en el curso 1901-02 habían matriculadas solo dos mujeres, y el número de las mismas en el año 1934 ascendía a mil estudiando carrera, añadiendo que el estudiar en España ya era una cosa tan normal  como poseer un automóvil o un aparato de radio. En el mundo del trabajo, quiere desterrar la imagen que se tenía de la mujer, dedicada a las faenas del hogar y cuidado de la prole. Esta aspiración viene reflejada en la conversación entre un señor y una señora. Aquel, le preguntaba: “Usted señora, ¿por qué no trabaja?, y ella, muy airada le contestó ¡pero, que se ha creído usted caballero!”, considerando como una ofensa el trabajo de la mujer fuera del hogar. La revista dedica muchas páginas a la moda, ese conjunto de de usos y costumbres circunscritos a una época, mobiliario, arte,  literatura y sobre todo al vestido. Es curioso observar que en la moda intima de la mujer, no se conocía la palabra lencería. En esa zona corporal de ellas, las ofertas se referían a sostenes, fajas y corsés ¡con sus recambios de ballenas! en comercios especializados. La morfología de la mujer, con su redondeado cuerpo ha inspirado a artistas y a creadores de la moda. En cuanto a  la escultura y pintura, sus autores han plasmado siempre con especial sensibilidad la belleza de los rostros y la sinuosidad de sus contornos. Si en este campo tienen importancia las curvas de mujer, estas tienen más relevancia en el mundo del vestir en donde sus diseñadores  se valen de estas redondeces para lanzar sus novedades. He observado que las modelos  que pisan las pasarelas luciendo las prendas  confeccionadas por los modistos, son bellas  de facciones, pero el resto del cuerpo no guarda  relación con el rostro. Sus cuerpos, a fuerza de disciplina, y sacrificio  para la exhibición carecen  de  contornos visibles. Son delgadas,  que a fuerza de “mantener la línea” (recta), pierden las curvas. Con escasez de busto, nalgas, pantorrillas y muslos, los movimientos de la cadera y el cruce de pies al pisar, activan  con gracia y elegancia su esbeltez  corporal. 
En estos tiempos, se observa que la mujer siguiendo la moda imperante, se viste con prendas finas de punto, como leotardos, pantalones, mallas y medias, que ajustadas al cuerpo, como ventosas, y con el remate de las botas de amazona, resaltan sus encantos y manifiestan sus curvaturas Para terminar, como  bienvenida a la primavera y culto a la mujer, diré que ésta  reúne tres condiciones: serenidad, belleza y proporción, que vienen a reflejar el optimismo de la vida, la alegría sana, y el ansia de vivir entre lo más bello de la Naturaleza. Se acabaron por hoy las curvas.

LA SUBIDA


 O el retorno del Nazareno a su ermita. Se acerca la festividad más entrañable de la villa, cuyo sentimiento y fundamento histórico llevan en su corazón todos los  javienses. Se basa la devoción a Jesús Nazareno, en la protección que prestó a la población en el año 1854, al preservarle de la enfermedad del cólera morbo asiático que se desató, y que causó una gran mortandad en el país. Obrado el prodigio de librarnos de la terrible enfermedad mortal, el pueblo,  agradecido a su “amable protector” según reza el himno en su honor, le acompañó en solemne procesión de despedida hacia su destino en el Calvario.
Ha transcurrido siglo y medio desde el acontecimiento, que originó la idea de la bajada del Nazareno y la fiesta de la despedida que suponía la subida del mismo a su morada. Hoy, la fiesta conserva a pesar de todas las transformaciones, cambios sociales y políticos, el mismo sentido religioso que animó a nuestros antepasados a homenajear al Nazareno. La conmemoración tiene un profundo calado religioso en la conciencia popular, que tiene mucha fe en Jesús Nazareno,  y una gran veneración hacia el mismo. Recordando tiempos de los años 40-50 del siglo pasado, cuando el Nazareno realizaba su bajada al pueblo, las fiestas organizadas en su honor tenían dos componentes diferenciados:  el aspecto religioso, de carácter devocional y el aspecto lúdico o profano, de la llamada entonces “fiesta cívica”, que incluía,  “el bous al carrer” por el  casco antiguo. El aspecto religioso de la fiesta tenía mucho arraigo en el pueblo.  En esa época, alentados por el espíritu religioso, por el hecho de ser la religión católica, apostólica y romana la religión oficial del Estado, nos infundían ideas y devociones religiosas. Lo mismo nos hacían en la política, en donde  nos adoctrinaban en ese campo. Igual vibrábamos cantando el Cara al Sol,  que entonando el himno al Nazareno. Divino Nazareno/, de Jávea excelso honor/, sed siempre de amor lleno/, su amable protector. Jávea, a quien mil favores, prestó vuestro poder/, inciensos y loores/, justo será que os dé…. La parte religiosa, se centraba en la celebración de la novena, en la que todo el pueblo se congregaba en el templo de San Bartolomé. Hombres y mujeres, chicos y chicas, debidamente separados en el interior de la iglesia, acudíamos con ilusión a esta práctica devota, en donde el acto religioso emocionaba, con sermones vibrantes, que culminaban con el cántico fervoroso del himno, amenizado con el armonio interpretado por el profesor de música Miguel Benavent. Los jóvenes, a continuación acudíamos al baile en la plaza de Baix,  en donde una orquestina sustituía al armonio de la iglesia y la separación de sexos se convertía en ansias de arrimo. El ambiente social  de aquellos lejanos tiempos, nos incitaba y nos invitaba a acudir a la novena. Se hacía con gusto y sin exigencias de nuestros mayores. Todo entraba en la diversión de la época.
Quiero comentar en estas páginas las curiosas incidencias, de la subida del año pasado. Cuando el Nazareno, a hombros de los cofrades, había completado el itinerario callejero por el pueblo, vitoreado desde los balcones con lluvia de pétalos, al iniciar las zigzagueantes rampas de las estaciones del vía crucis, los faroles del trono del Nazareno se apagaron de repente, dejando en total oscuridad a toda la multitud que seguía la procesión. La curia parroquial y las fuerzas vivas que iban detrás de las andas, se hicieron invisibles. Los músicos dejaron de tocar, al hacerse ciegas sus partituras. Se produjo una ligera confusión, y la gente empezó a desfilar, a tientas,  hacia sus casas mientras el Nazareno subía a oscuras. Los escasos cirios que quedaban sirvieron para alumbrar el regreso. Las mujeres se descalzaban, no por acto penitencial, sino para no caer de sus tacones. ¿Qué pasaba, se preguntaban todos? Pues que la crisis hizo mella en las baterías eléctricas que alimentaban las luces del Nazareno.  ¡Se agotaron! Me pareció oír la voz del Nazareno que decía,  “Amado pueblo, ya estoy llegando a casa, y me conozco el camino, os agradezco vuestra compañía, cariño y devoción. Regresad a vuestras casas porque, ya veis que he tenido que apagar luces antes de llegar, debido a ésta crisis. Volved el año que viene, a ver si con un poco de suerte podemos tener  más luz.” ¡Y es que la crisis no respeta ni al Nazareno!

LA SILLERIA Y EL SOFA


Tengo un amigo que anda estos días tratando deshacerse (vender o regalar) de una antigua sillería heredada de algún pariente y no encuentra donde colocarla. Ni se la compran ni nadie la quiere regalada. Se trata de muebles viejos que en su día formaron parte del entorno familiar de nuestros antepasados. La comodidad del cuerpo tiene en el mobiliario sus modas que han ido evolucionando con el paso de los años.  
En las antiguas fotos de cartón,  donde se recogen las poses de nuestros abuelos, vemos que aparecen fotografiados en los momentos estelares de sus vidas, (bautizo, primera comunión y casamiento), en donde los retratados aparecen en posiciones rígidas, y firmes, carentes de confort, debido a la severidad e incomodidad del mobiliario, y faltos de sonrisas por la alegría del acontecimiento. Eran sillas y sillones austeros, de asientos duros y respaldos rígidos, que incitaban a una postura solemne y poco relajada. La historia de la silla y sillones, en general, ha tenido más trayectoria  social que los modernos y relajantes sofás de ahora. Siempre se ha hablado de estilos de sillerías referidos a épocas, reinados, imperios…Así, tenemos sillas y otros muebles de estilo isabelino, inglés , imperio, Luís XV, Luís XVI…, etc. y otros personajes históricos que han dado nombre al antiguo mobiliario. El cuerpo siempre se ha adaptado al mueble existente en la época. La comodidad corporal ha evolucionado como todo. Esta comodidad viene determinada por la posición y colocación de las posaderas (vulgo culo, para hablar claro). En asientos duros, la persona está incomoda y se remueve en los mismos buscando la posición más idónea para el descanso. Recuerdo que en los años 40-50 del siglo pasado, la sala del cine Espinós, estaba compuesta de butacas de madera que ponían a prueba el trasero de los espectadores, sobre todo cuando se trataba de largometrajes como  “Lo que el viento se llevó”., proyectada en 1955. .
Las sillerías antiguas, compuestas de sillas, sillones y sofás de nuestros abuelos,  con reposa-brazos y respaldos rematados con artísticos trabajos de ebanistería,  más que utilidad práctica, servían como adorno del salón, y formando parte de la estructura señorial del mismo. No eran las sillerías muebles confortables, sino de presunción. Recuerdo que en casa de mi tía abuela Josefina (la llamada “casa de la señoreta Josefina”, en el carrer Roques) en la sala donde ella, (que era soltera), y su sirvienta “hacían la vida” y recibían las visitas de familiares y amistades, había  una sillería para cumplimentar a las visitantes de postín (el médico, el cura y alguna que otra monja o fraile postulante). Esta sillería, con su carga  de incomodidad permanecía siempre sin usar y no envejecía nunca. Permanecían siempre en perfecto estado de revista, tapados con unas fundas de tela blancas para que no cogieran polvo. Cuando alguien importante anunciaba su propósito de visitar, se procedía a retirar las fundas y descubrir la sillería, orgullo de la casa. La sillería cumplía el doble papel de recibir las visitas y servir de pompa y ostentación. Como decían los romanos “ad pompam vel ostentationem”.    Los sofás modernos, han tomado el nombre de tresillos por el número de piezas que forman el conjunto mobiliario. Los estilos de las sillerías de nuestros antepasados  eran muchos, porque predominaba el estilo de la época o de un rey, y antes que la comodidad se buscaba alardear. Hoy  en los sofás modernos, lo que predomina no es el estilo sino el confort y el bienestar corporal. Carecen del sentido artesanal de los de antes, y se fabrican en serie como los automóviles. Hoy los jóvenes son los principales usuarios de este muebles, porque no soportan la incomodad. En sus casas se dejan caer sobre los mullidos sofás y se  repantigan y despatarran todo lo que pueden, con las piernas buscando  reposo en otro mueble o mesa centro. En las cercanías de los colegios e institutos,  se les puede observar, en el recreo, sentados o tirados en las aceras, incapaces de permanecer de pie durante unos minutos. En los bancos públicos no soportan la dureza de sus asientos y adoptan las posturas que mejor les pide el cuerpo. En los automóviles, estiran las piernas para apoyarlas en el salpicadero. No se adaptan a lo que hay. De esta generación se dice que han nacido cansados.