lunes, 10 de marzo de 2014

LA TURBACION DE LA FIESTA (de Aduanas del Mar)


Hace tres semanas terminaron felizmente las fiestas en honor de la Mare de Déu de Loreto, en Aduanas, con la nota negativa de una aislada actuación de un grupo musical, que causó indignación y rechazo por parte del vecindario que soportó blasfemias,  obscenidades  y groserías de los componentes del mismo. Las fiestas son para la alegría, regocijo y diversión. Los actos de las pasadas fiestas patronales tienen un componente religioso, avalado con las salutaciones del Alcalde, del Presidente de la Comisión de fiestas, del Concejal del ramo y la del cura de la parroquia. Así lo atestiguaban las palabras de las anteriores personas. El Alcalde decía: “Duanes de la Mar víu bolcada en el seu fervor a la Mare de Déu de Loreto i li dedica estos díes per a agriar-li la seua protecció…”. El Presidente de la Comisión decía: “arriba el moment…a celebrar les festes en Honor a la Nostra Patrona la Mare de Déu de Loreto”. Y tanto el Concejal de Fiestas como el párroco, venían a expresar el mismo sentir hacia la Patrona. Dentro de la programación de actos, merece especial reprobación y condena, el concierto de la noche del 30 de agosto, organizado por la peña Els Entorbats, en la Av. Jaime I, hasta las 5,00 h., cuyo espectáculo constituyó un verdadero escándalo por los ataques, insultos y desafíos al orden social, moral y a las buenas costumbres. Los componentes de este grupo, venido de algún pueblo de la comarca, lo constituían individuos desarrapados y soeces que estuvieron toda la noche, con gritos desaforados a través de atronadores altavoces, lanzando maldiciones contra Dios, la Virgen, varias confesiones religiosas e instituciones del Estado. A la policía le dedicaron el claro insulto y gesto despectivo de levantar el dedo corazón. Todo ello, coreado y aplaudido por el público asistente y seguidores de los mismos, enardecidos y excitados por los efectos del alcohol y la droga. Apoyaban estas consignas, un grupo de fans  llegados de pueblos de la contornada, que con sus cabezas rapadas, crestadas y rastadas  daban un carácter insolente y bochornoso a la fiesta. Una de sus frases preferidas y repetidas con grandes alaridos, era: “!putas al poder, que vuestros hijos ya están”, todo ello coreado con gran griterío. El embrutecimiento general en que se había convertido el espectáculo, se alargó más allá de las cinco de la madrugada, en donde el ensordecedor volumen de los altavoces del equipo, hacían vibrar los cristales de las viviendas de la vecindad, haciendo imposible el descanso. Como los ánimos estaban calientes, y la ingesta del alcohol y estupefacientes les pedían “guerra”, los seguidores de los rockeros, se desmelenaron y comenzaron a partir de las seis de la mañana, a cometer desórdenes y actos vandálicos con algunos destrozos do lo que encontraban a su paso, en las calles de Triana y en el paseo de la Marina española, en donde varias patrullas de la Policía local, tuvieron que intervenir para reprimir y atajar a éstos bárbaros en su incívica conducta. Hasta aquí los hechos. Ahora viene la reflexión: ¿por qué se contrata a estos tipos marginados de la sociedad? La explicación, en mi opinión es muy clara. La Comisión de fiestas, tal como está actualmente estructurada, no tiene poder o autoridad sobre la actuación de las peñas festeras. Estas, tienen libertad de movimientos para organizar por su cuenta los espectáculos que consideren oportunos, sin necesidad de aprobación ni de visto bueno por parte de la Comisión. No están vinculadas a las directrices de ésta, ni reciben su apoyo económico. Lo que ocurre es que cuando una peña organiza o contrata una actuación, lo pone en conocimiento de la Junta de la Comisión, no para que ésta lo autorice, sino a los únicos efectos, de que se dé por enterada y la incluya en el programa de Fiestas. El lamentable espectáculo ofrecido por esta peña,  hace “honor” a su nombre de Els Entorbats . La palabra valenciana Torbar-se, significa turbar, alterar. Y Turbar, en castellano significa alterar el sosiego, la tranquilidad o el curso de una cosa. La deducción es que, Turbación, es el efecto de turbar. O sea, confusión, desorden y  desconcierto. La repulsa y condena popular contra la vergonzosa actuación musical, se plasmó mediante la exhibición de algunas pancartas, ante las fuerzas vivas, al paso de la procesión del Santo Cristo del Mar. Me consta, que el descontento en Aduanas, ha sido tomado en consideración por el Concejal del ramo, y habrá reformas al respecto. Para que tengamos la fiesta en paz.
                                

                                                Vicente Catalá Bover
                                                 Septiembre 2013

TIEMPOS DE AYER Y TIEMPOS DE HOY


Finalizada la guerra civil, se abrió una nueva etapa de normalización de la vida, que  en Javea se manifestó y se relacionó con la llegada de forasteros en la época de verano. Eran los pioneros de lo que mucho más tarde se llamó el fenómeno turístico, y que se convirtió en la principal fuente de ingresos del país. Los primeros forasteros tenían dos componentes, según su procedencia. Un componente nacional, integrado por los madrileños, y el núcleo regional integrado por los valencianos de la capital y de Carcagente y los alicantinos de Villena, Ibi y Alcoy, que representaban el potencial agrícola e industrial de estas provincias. Los valencianos llegaban en el Venturo, la línea de viajeros que unía Javea con Valencia. Los madrileños lo tenían más complicado. Llegaban por vía férrea a Valencia, debidamente traqueteados y enlazaban con el Venturo, para llegar a Jávea. Al pisar tierra, tras muchas horas de viaje, exclamaban aquello de “para viaje largo y duro, el tren y el coche de Venturo”. El veraneo de entonces se reducía a solo el mes de Agosto. Hoy el verano comprende julio, agosto y septiembre.  Si hoy dices “me voy de vacaciones”, la pregunta que te hacen es, ¿cuándo?  y contestas: “tomaré dos semanas de julio, dos de agosto y una de septiembre. La llegada de veraneantes favorecía el alquiler de viviendas y el comercio local, reducido a unas cuantas tiendas en el pueblo (Benavent, Armell, Ambrosio Salines, El Sindicat, Chaunet, Sapena...) y otras pocas en Aduanas (los dos primos Ambrosio Ferrer, la tienda de Miquel Crespo “el pelut”, la de Castells “el parrando”…y poco más. Los primeros veraneantes nacionales,  fueron los valencianos (gracias al Venturo), y los madrileños, seguidos ya en pleno desarrollo turístico, de ingleses, alemanes, franceses, belgas y holandeses.

Esta pacífica invasión de visitantes dejaba dinero (aún no se empleaba la palabra divisas)  al pueblo. Acabado el mes de agosto, los veraneantes volvían a sus lugares de procedencia, y el comercio hacía un balance positivo de las ganancias obtenidas que les permitía pasar con desahogo el resto del año. Aquí se podía aplicar la conocida expresión “hacer el agosto”. En la mentalidad de aquella época, el tener llenas las alforjas llenas colmaba las expectativas. Al dedicar su trabajo y esfuerzo al sostenimiento familiar, anhelaban el descanso, que llegaba el 31 de agosto. Ese día, la flota de autobuses de Venturo, con sus  bacas cargadas de maletas, devolvía los veraneantes a sus procedencias. Muchos de los que se habían beneficiado de éstos turistas exclamaban: ¡ya era hora de que se marcharan! Expresaban de éste modo, el instinto poco comercial de la época, y deseaban disfrutar de los ingresos obtenidos durante la época vacacional. Los días finales de agosto, siempre se comportaban de la misma forma, climatológicamente hablando. De forma puntual, entre el 28, día se San Agustín y el 31, de San Ramón, descargaban fuertes tormentas, que refrescaban el ambiente y presagiaban la entrada del otoño. A la caravana de autobuses del Venturo, se unía el camión del ordinario Ros, que recogía  del Montañar, los somieres, colchones, baúles y demás cachivaches que no podían transportarse en el autobús. Al mismo tiempo, que las casas se vaciaban de muebles y enseres, las ventanas, puertas y nayas de los chalés se protegían de la humedad y temporales del mar mediante cañizos. Se suponía, y así era, que los ocupantes de los mismos, no volvían hasta el año siguiente, o por Pascua en todo caso. Esta sensación de despedida la acusábamos también los jóvenes. Los chicos y las chicas de la localidad, en los veranos de 40-50, nos integrábamos, en nuestras diversiones con las pandillas de la  capital que en aquellos años nos sorprendían con los adelantos de Madrid y Valencia. En esos años, existía el prejuicio de ser de capital (y enterado), o ser de pueblo (y atrasado). Cuando se producía el éxodo de los veraneantes, nos dejaban la nostalgia del verano, la vuelta a la rutina y a la soledad de la vida del pueblo. Eso era hace años. Hoy, la villa es una población cosmopolita, con más habitantes foráneos que nativos, y el vacío  que dejan los que se ausentan al final del estío, no se percibe con la intensidad y el grado de tristeza y soledad de antes. Hoy, no se tienen esas sensaciones. En los tiempos de ayer se vivía con lo necesario. En los de hoy,  con lo necesario y lo que pida el cuerpo, llamado también estado del bienestar.

 

                                              Vicente Catalá Bover
                                               Septiembre 2013

ALCALDES SIN CALLE


No todos los alcaldes que han presidido la corporación local tienen dedicada una calle, para memoria de su pueblo. Repasando la historia reciente de la villa y el callejero de la  misma, se echa de menos el recuerdo de algunos de ellos, que por sus merecimientos y buen hacer al frente de la alcaldía merecen ser recordados por los vecinos y generaciones futuras. Por encima de las ideas políticas, queda siempre el testimonio de su paso el consistorio y la huella de sus aciertos en beneficio de sus conciudadanos. Hecho éste preámbulo, me quiero referir a don Jaime Casabó Cruañes. Este hombre, abierto y popular, del partido conservador de Cánovas, y pariente del diputado provincial por Denia, Julio Cruañes Soler, del mismo partido, estuvo al frente de la alcaldía durante el bienio 1921-22 y se marcó el propósito de dotar al pueblo de agua potable, lo cual se convirtió en realidad en 1922. Se instalaron varias fuentes públicas y abrevadores en puntos estratégicos del casco urbano. Entre las fuentes, de las que salía el agua a través de un caño, citaremos la de enfrente del Ayuntamiento, que aún se conserva, la del carrer Major, junto “als cuatre cantons”, la de la  Placeta del Convent, la del portal del Clot, y la del carrer de L`escola, junto al Trinquete Entre los abrevaderos, en las  entradas al pueblo, estaban la del Marge de L´arrabal de la Mar, Placeta, Sant Vicent y el situado junto al Pont del Llavador. El depósito del agua potable, una construcción rectangular protegida por planchas de hierro,  en donde jugaban y saltaban los niños, estaba situado junto a la pared del convento de las Agustinas (hoy mercado municipal) Hasta ese año, el abastecimiento de agua a los habitantes de la población se realizaba en forma personalizada de tal forma que cada vecino tenía que proveerse de agua para su alimentación y la de sus animales. El agua, había que obtenerla de pozos o cisternas. El pozo era la excavación  en la tierra para encontrar el agua, que se empleaba para el riego agrícola. La cisterna, de carácter doméstico,  era el depósito subterráneo en zona urbana, en donde se recoge y conserva el agua de lluvia. La cantarera,  formaba parte de la cocina,  y era el armazón de madera para colocar los cántaros de agua, transportados a lomos de borricos o de las caderas de  las mujeres, de la fuente a la casa. Los pozos se construían en el campo para regar, y recibían el nombre de “senia”. La elevación del agua se realizaba por medio de un artilugio de dos grandes ruedas, una horizontal movida por una caballería que daba vueltas sin fin, y otra vertical  que engrana con la primera y lleva colocada una maroma con recipientes que van sacando el agua y la vierten en una balsa. Hoy, la extracción del agua se hace por medio de una bomba mecánica. En el consumo doméstico no todos tenían posibilidades para disponer de una cisterna en su casa. Entonces había que proveerse del agua fuera del domicilio o pedirla a quien quisiera facilitarla. En el núcleo de Aduanas, en el “barrio de Sevilla”, las familias de los marineros acudían, entre otras,  a la cisterna de la casa del huerto de Ambrosio Bordeore, a las de los Cruañes en la Mesquida de les Pedres, y a la de doña Liboria, cuya casa estaba (y está) situada  junto a la antigua desembocadura del río, y disponía de una cisterna de  gran capacidad. Las gentes de la otra parte del río, los de Triana,  acudían, entre otros, a los pozos y cisternas del Montañar, de Agustín Catalá y Romualdo Catalá, con la particularidad de que ellos mismos, para no molestar a los dueños de esas aguas, se costeaban a tocateja, el importe de la cuerda y el pozal. Todas estas incomodidades para el pueblo se subsanaron con la traída del agua potable en citado año de 1922.  Este hecho histórico, fue celebrado con grandes festejos populares. Se ha inmortalizado la memoria del alcalde Casabó, en una rotonda situada en un lugar tan apartado como el cruce del Camì del riu Gorgos y el camì del Pou del Moro, junto al pont del Llavador. En ella, está representada la escultura en hierro de un burrito junto a una “senia” y una inscripción en una lámina de tosca, realizada por Juan  Cholbi Bas. En ella hay esculpida un composición poética: “Aigua de mar, / aigua del cel, / aigua de vent, / Blava, maragda/ clara, transparent/ Puresa y vida/ passad i present/ orige i avenir tan mateix”. Bajo de ésta poesía se lee: “A Jaime Casabó, Pepe Llidó, Ángel Doménech, Soler Blasco…al poble de Xàbia i a tots aquells que han contribuit a que no els faltara  mai l`aigua. Xàbia 2007”. Merece un recuerdo más visible y localizado en una placa callejera.
 

                                         Vicente Catalá Bover
                                          Septiembre 2013

CICLISTAS

En el asunto de las bicicletas, me tengo que referir al Ayuntamiento y hacer esta pregunta: ¿Hay “collita” de ingenuos o de despistados en el Consistorio? Con todo respeto, y defendiendo al peatón, me explicaré. Ingenuo, es el que no tiene malicia o picardía y confía en el buen hacer de los demás. Despistado, es el que ha perdido la orientación y la posición que ocupa. Ustedes me dirán cual de estos dos conceptos es el que hay que aplicar a los que tienen responsabilidad en esta materia en el gobierno local. Recientemente se ha inaugurado el nuevo pavimento y mobiliario del paseo del Arenal, rebautizado como de David Ferrer, y les invito a reflexionar sobre el uso de éstas vías. Los paseos peatonales son espacios que están hechos para recorrerlos a pie, por ser sitios amenos y agradables, como es el lado del mar. Ejemplos son el citado del Arenal y el de la Grava. Y aquí viene el tema. La tranquilidad y el sosiego que produce un paseo se ve amenazada y perturbada por la presencia de las bicicletas, ese vehiculo silencioso y serpenteante que pasa rozando al que va paseando. Los ciclistas o las bicicletas han invadido territorios que no les corresponden, como son las aceras y paseos, destinados para recorrerlos a pie. La bicicleta, ha irrumpido masivamente como vehiculo deportivo y de trabajo, pero sin las mínimas condiciones de respeto y espacio hacia los viandantes. Aún añadiría otra circunstancia, y es que la mayoría de los usuarios de las mismas, hombres, mujeres y niños, carecen de los elementales conocimientos para circular dentro de la normativa del Reglamento de Circulación de Vehículos e infringen sus preceptos. Las bicicletas, como vehículos que son, deben adaptarse a las disposiciones que regulan el tránsito de los mismos en el citado Reglamento. Las bicis, al igual que el resto de los vehículos tienen sus espacios delimitados, como son las carreteras, calzadas y actualmente los carriles-bici. De lo cual se deduce que las aceras y los paseos son del uso para viandantes. Del mismo modo que un peatón se pone en evidente riesgo si camina por las vías destinadas a los vehículos, el ciclista pone en peligro la integridad del peatón si  invade el espacio reservado a éste.  Más claro, agua. Es una invasión de competencias entre territorios. Pero el Ayuntamiento y sus regidores no parecen esforzarse por evitar esta situación de peligro para los peatones. O carecen de picardía, o están despistados. En el paseo de la Grava, y su continuación el de la Marina española, con sus restaurantes, existe al principio del primero, empezando por la zona portuaria una tablilla de madera, de escasos centímetros de tamaño y nada visible, en el que se indica en varios idiomas: “Ciclistas a pie”, lo cual significa que no pueden ir montados en la misma. Esto no se cumple ni se sanciona su infracción por parte de la Policía local. Por lo que atañe al paseo del Arenal, en su arranque junto al canal de La Fontana, hay colocado un pequeño poste, incrustado en el suelo, de 1,50 cm de altura por 0,35 cm de anchura en el que se leen varias prohibiciones relativas a perros, ciclistas y patinadores. En cuanto a ciclistas, hay una pequeña placa integrada en el referido poste, en que se advierte que éstos no pueden sobrepasar la velocidad de 5 km/h. Ahora veamos la contradicción existente entre ambos paseos. En paseo de la Grava hay que llevar la bici de la mano y sin embargo en el del Arenal se puede circular por el mismo, con la limitación citada. Me pregunto: ¿quién es el ingenuo que se cree que los ciclistas van a ir a esa mínima velocidad?  Los ciclistas, no se han enterado de estas prohibiciones, en parte porque están ocultas, y en parte porque a un ciclista le resulta imposible circular a  tal ralentí. Solicité el año pasado la colocación de carteles más visibles, pero el Ayuntamiento no ha actuado. Tanto en un paseo como en otro, la Policía local no interviene, siendo que está obligada (no por el Ayuntamiento) sino por el Reglamento de Circulación. Esto de hacer la vista gorda por parte de los agentes de la autoridad, parece una tontería, pero es bien cierto que puede acarrear problemas serios a tener en cuenta. Un encontronazo con una bicicleta, te puede mandar al hospital, con todas las consecuencias tanto lesivas como las responsabilidades civiles para la reparación del mal causado. Es igual que un accidente de coche. ¿Quién responde cuando el causante del daño es un insolvente? Toca resignarse. Se pide casco para la seguridad del ciclista, pero también debe exigirse protección para la integridad del peatón.


                                        Vicente Catalá Bover
                                         Junio 2013 

domingo, 15 de diciembre de 2013

LOS MEDICOS EN LOS AÑOS 40

En cuestión de sanidad local, y en concreto en la prestación de servicios para preservar la salud, hay que reconocer que ésta villa siempre ha estado en niveles de deficiencia e inferioridad, con respecto a Denia. Desde que Jávea era un “lugar o alquería” de Denia en el siglo XIII, y después villa en 1612, por privilegio de Felipe III, nunca hasta hoy, ha tenido este pueblo un sistema de protección sanitaria acorde a sus necesidades. Siempre ha dependido y sigue dependiendo de su capital comarcal. Vayamos a la historia. El número de médicos en Jávea en los años 40 del siglo pasado, se reducía a tres. La villa en esa década contaba con 5.000 y pico de habitantes, y los profesionales que atendían la sanidad eran tres, D. Jaime Martí, casado, sin hijos, tenía su domicilio en la calle Canónigo Pajarón (hoy Roques), D. José Ferrándiz Buráñez, también  casado y sin hijos que tenía su casa y consulta en la Avda. del Caudillo (hoy Alicante), y D. José Bover Dotres (tío abuelo materno mío), casado y con una hija llamada Catalina, que tenía su hogar y consultorio en la misma avenida, a escasos metros del anterior. En aquellos años, recién terminada la guerra civil eran tiempos de penuria y necesidades y no existían ambulatorios públicos. Años más tarde, sobre los 50-60, en la calle D´Avall (antes Hermanos Cholbi), en donde en 1502 se construyó el primer hospital, se creó un consultorio, (hoy Oficina técnica del Ayuntamiento) atendido por los médicos titulares D. Salvador Barber Part y D. Rafael Peiró Fayos. Fue el primer consultorio público de carácter municipal. Más tarde, a finales del siglo pasado se creó el actual ambulatorio  en la plaza de la Constitución y  hace cinco años se abrió el de Aduanas del Mar. Hay que decir sin miedo a errar que desde siempre, en el campo de la atención sanitaria Jávea ha estado muy atrasada y sigue estándolo con respecto a la vecina Denia. Esta, siempre ha gozado de consultorios, clínicas y hospitales, con sus correspondientes plantillas de especialistas y personal sanitario de la que se ha beneficiado y se sigue beneficiándose Jávea. Por mucha rivalidad  histórica con Denia, ésta nos supera largamente en éste ramo. En mi niñez y adolescencia, en donde no se conocían las diversiones de las maquinitas tecnológicas de hoy, nuestros juegos consistían en brincos, revolcones y porrazos, cuyos riesgos y peligros comportaban la rotura de brazos, piernas o manos, y su final eran las clínicas de Denia. Pero, este panorama que viene del pasado, subsiste hoy día. Sin ir más lejos hace dos años, en 2011, conocí el caso, que para detectar un esguince de pie producido por una caída, el servicio de urgencias del actual ambulatorio no disponía de aparatos de radiología para examinar el alcance de la lesión, por lo que el paciente tuvo que acudir por sus propios medios al servicio de traumatología de un hospital de Denia. Volviendo a los 40 de Jávea, estos tres médicos D. Jaime Martí, D. José Ferrándiz y D. José Bover, ejercían la medicina a través del sistema de igualas, con lo que se aseguraban la base de sus beneficios económicos. La iguala, (antecedente de la actual póliza de asistencia contratada con una aseguradora médica), consistía en una especie de contrato entre el cliente y el médico, en virtud del cual este último se obligaba mediante el pago de una cantidad fija de dinero al año, a prestar asistencia al enfermo. El médico se aseguraba un sueldo y el paciente tenía cubierta  su atención facultativa. Aquel se obligaba a atender al enfermo tanto en la consulta particular como en el domicilio de éste. En éste último caso el médico acudía a la casa a pie, pues ninguno de ellos tenía coche. Para desplazamientos fuera del núcleo urbano se valían de la “flota” de los dos taxis existentes en servicio: el pequeño Fiat de Vicent Miralles, “El pedreguero”, que contrastaba con la gordura de su conductor, y el de Vallés, “El borruguero”, más grande que el anterior. Después, se incorporó Pascual Codina, con un taxi provisto de banquetas supletorias entre los asientos. Al médico que más traté en mi etapa estudiantil,  fue a mi tío-abuelo Pepe Bover,  Este, era de carácter abierto, campechano e impulsivo. Recuerdo que un día fue requerido por su hermana María, que vivía en el carrer de Gual y al preguntarle : “A vore, que tens”,  y ésta le contestó: “Mira Pepe, m`agachat y ha sentit un esclafit en el llom”, a lo que su hermano, sin prestarle importancia, le contestó de sopetón: “¿no será que t´auras tirat un pet?”.


                                                Vicente Catalá Bover
                                                 Agosto 2013

TIEMPO DE LA "RENDA"

La agricultura es una de las primeras y primordiales actividades económicas de los hombres y la única a acaso verdaderamente esencial en la vida. La población de esta villa, tradicionalmente ha dependido de la labranza o cultivo de la tierra, que le ha proporcionado los recursos para la subsistencia. El invierno es tiempo de preparación del campo, mediante la plantación, siembra, regadío y abono del mismo. Llegado el verano, es tiempo de la recolección de los frutos. Este momento se conoce ancestralmente como la “renda”, o sea el período desde junio a septiembre, en donde el agricultor recoge el producto de su esfuerzo durante todo el año. En el mes de junio, comienza la “renda”, que  se identificaba con el dicho popular que decía: “En juny, la roba lluny i la corbella a punt”, en clara alusión a despojarse de la ropa y aplicarse a la siega del trigo. La fecha que cerraba la “renda” se resumía con ésta otra cita: “En sant Miquel, tot a ràpel”. La explicación de esta frase se encuentra en que en los campos, después de la recolección o “collita”, quedaban restos o sobrantes agrícolas, que otros aprovechaban y recogían en su beneficio, previa autorización o consentimiento del dueño. Esta labor se conocía con el nombre de “espigolar”, que viene de espiga, y significa coger las espigas que han quedado en un campo después de la siega. La “renda” implicaba la salida o el éxodo de la población hacía el campo, para instalarse en el mismo, y hacerse cargo de su producción. Esta  actividad  se definía con la frase: “anarse a la casseta”. Eran lo mismo “anar a la renda” que “anar a la casseta”. Ambos términos, hacían referencia a la recogida de resultados, dicho en términos bursátiles. Entre el vecindario, se comunicaban unos a otros,  la marcha a “la casseta”.  En la villa de Jávea, como región marítima templada, han existido variedad de cultivos, tanto en terrenos de secano como en lugares aptos para las hortalizas. En el cultivo de secano (almendros, olivos, algarrobos…), destacaba éste último, por la espectacular belleza de su tronco y ramas tortuosas e irregulares, que alcanzaban una altura de 8 a 10 metros. Su producto, la algarroba era tan válido para la alimentación de caballerías como para la fabricación de chocolates y otras aplicaciones industriales. La influencia de los árabes durante su dominación en España, permite pasar de cultivos de secano, a la feracidad de los cultivos de regadío, en donde están comprendidos toda la variedad de plantas, desde las herbáceas (garbanzos, lentejas, guisantes…), hasta las productoras de hortalizas (melones, patatas, y tomates…). La “renda” finalizaba con el corte de la uva, operación conocida como “tallar el raim” y su posterior paso por cañizos, sequeros y riu-raus hasta transformarse en pasa,  o al “cup” para ser chafada y convertida en vino.

Si la “renda” tiene como fin el resultado agrícola de la recolección, mirando al pasado, tuvo un protagonismo histórico hace setenta y siete años, en la guerra civil española. Me explicaré. Cuando estalló el alzamiento nacional en julio de 1936, muchas familias habían abandonado ya el núcleo de población para trasladarse a la “casseta” y ocuparse de la “collita”. Este hecho, supuso que muchas familias, intentando protegerse de los peligros en que podía verse envuelta en aquellos revolucionarios tiempos, permanecieron los tres años de contienda escondidos en el campo, a salvo de las tropelías y persecuciones del Frente Popular. Uno de sus dirigentes, Joaquín Mengual, (“Pardico), según relata Antonio  Pons Guardiola en su libro Aquell poble, era un obrero frío, calculador y cruel. Este individuo, dio rienda suelta de su odio hacia las clases conservadoras del pueblo cometiendo una serie de desmanes, extorsiones y ordenando el asesinato de sus conciudadanos por el simple hecho de vestir corbata, lucir sombrero o ser simpatizante de la Iglesia. El “Pardico”, se incautó de las mejores casas del pueblo para establecer en ellas sus comités, así como para su acomodo personal o cárcel para sus perseguidos políticos. Una de las familias, que la “renda” salvó del peligro de sus vidas, fue la  que fuera mas tarde sacerdote de gran arraigo y talla intelectual don Juan Ortolá Segarra. Huérfano de padre, su abuelo materno se hizo cargo del mismo y se lo llevó con 11 años al campo. Allí estuvo seguro, y aprendió las labores del campo, a falta de su escolarización. Si en la “renda” normal se obtenía el alimento para un año, los que vivieron en la “renda” durante la guerra, consiguieron asegurarse la vida.
                                     

                                             Vicente Catalá Bover
                                              Agosto de 2013

EL CARRO DE LA COMPRA Y EL CARRO DE LA VENTA

Este juego de palabras nos traslada del tiempo viejo al tiempo nuevo, en relación con el progresivo consumo en la alimentación humana. Asombra pensar, la cantidad y calidad de alimentos que necesitamos en el tiempo actual, comparado con la menor cantidad con que salíamos adelante en el pasado. Basta para ello, echar una mirada a los supermercados, para ver como van sobrecargados los carros de la compra, esos contenedores que solucionan nuestras necesidades alimenticias. El carro de la venta ( he dicho bien), en la Jávea de los años 40, después de la guerra civil, era el vehículo de tracción animal, es decir carro y macho, que nos acercaba y suministraba los alimentos a pie de casa. El carro de la compra, (el de hoy) es de tracción humana que nos lleva a localizar los mismos a pie de estantería. Cuando los primeros pobladores-veraneantes se asientan en la Caleta del port, Triana, El Montañar, Portichol y Calablanca (el resto, no estaba explotado), la provisión de productos para la subsistencia, se hacía a través del reparto domiciliario por medio de carros agrícolas. Del casco histórico y de Aduanas, salían carros, mocarros,  motocicletas, bicicletas y rudimentarias furgonetas que ofrecían al veraneante,  chalé por chalé, los productos necesarios para el alimento.  Carros, como el de Toni “Bufa”, que tenía el huerto en El Rebaldí iban cargados de hortalizas y legumbres, que principiando su itinerario en Triana y finalizando en el Arenal, iban pregonando su mercancía. A su paso por los chalés, salían las criadas o las  señoras de la casa a la carretera para hacer la compra. Cada tipo de género tenía su particular forma de transporte. El pan, procedeía de los distintos hornos del pueblo, cuyo reparto se realizaba en bicicleta por los matinales y ambulantes vendedores, como el esforzado y servicial Francisco Bas, “L`alemá”, que adaptaba a la misma un cajón repleto de pan, cuyo suministro llegaba hasta el Portichol. Tenía sus clientes fijos, que esperaban a pie de carretera, el pan de cada día. El hermano de éste, Batiste, se aplicaba al reparto de verduras en carromato, un vehiculo desaparecido. Otro conocido vendedor de pan era “Sanroc”, que distribuía el pan fabricado por Angelita Ortuño. El hielo en barras,  de la fábrica de Miguel Crespo “El pelut” y de Miguel Benavent, en Aduanas, y el pescado, lo servía Santacreu,  en una “rubia”, un coche cuya particularidad era que los laterales eran de madera. La carne, era la especialidad de Vicente Marzal, “L`anguerino”, familia procedente del pueblo de Enguera, y asentada en ésta villa, quien a golpe de pedal realizaba un largo recorrido a domicilio. La leche, aparte de adquirirse en las propias vaquerías, era transportada embotellada a domicilio. José Serrat, “El “Benissero”, fabricante de gaseosas y limonadas hacia el reparto en furgoneta. Otro  repartidor habitual era Ambrosio Ferrer, que regentaba con su mujer un horno-tienda, en Santo Cristo del Mar de Aduanas, y la venta ambulante la realizaba en moto a la que adaptaba un remolque para la mercancía. Pepe “El roig”, también de Aduanas, acoplaba a su moto una especie de sidecar para el transporte de su género. El salazón, que tradicionalmente formaba parte de la alimentación de las clases humildes y trabajadoras de Jávea, no tenía aceptación entre los forasteros.

Mención especial merece el pescado fresco, que llegaba al puerto al atardecer. Aquí los veraneantes, se reservaban el entretenimiento de adquirirlo por si mismos en la  pescadería del muelle (no se utilizaba entonces el término de lonja). Los del Montañar y Triana, a media tarde, después de sestear y  merendar, se acercaban en grupos de amigos o familiares, paseando, a la pescadería para comprar el pescado recién desembarcado. Una vea verificada la subasta de los distintos lotes de pescado, los comerciantes adjudicatarios de los mismos, se instalaban en improvisados mostradores de madera para venderlo. Para postre y como finalización, les diré, que uno de los dulces más exquisitos de la comarca, hoy desplazado,  era el arrope. El “Arrop”, era  una especie de confitura que se obtiene cociendo con mosto varios frutos (entre ellos la calabaza) hasta que aquel adquiere la consistencia de almíbar. Originario de Benigánim, sus vendedores lo pregonaban a gritos “!arrop amb talladetes!” y lo portaban en burros, en cuyas alforjas introducían las tinajas del apetitoso dulce.  Cuando se quería expresar la dulzura de carácter de una persona, se decía: “Es dolc, com l`arrop”.
  

                                                   Vicente Catalá Bover
                                                    Julio 2013