lunes, 10 de marzo de 2014

RECTIFICAR ES DE SABIOS


Hace unas semanas, publiqué en éstas páginas unas líneas  dedicadas a los médicos ejercientes en Jávea en los años 40. En el artículo citaba a los médicos don Jaime Martí, don José Ferrándiz y don José Bover. Algunos lectores, con perfecto conocimiento de los acontecimientos antiguos de la villa, me han advertido que en mi relato había omitido la figura del médico javiense don Jaime Buigues Pons, hijo del entonces administrador de correos, que ejerció la medicina local en esa década de los 40. Efectivamente, ante tal omisión, pido disculpas y tengo que añadir, que no comprendo cómo pude dejarme en el tintero a un personaje tan entrañable, admirado y querido por el pueblo. Mis padres y yo mismo, tuvimos una buena amistad con el mismo. Hablando de rectificaciones, también debo confesar que al médico Martí le atribuí el estado de casado, cuando era soltero, y el médico don Salvador Barber su segundo apellido es Ros y no Part (que era el de su padre) Hechas las rectificaciones, entro en materia. Don Jaime Buigues Pons, de notable abolengo familiar, era hijo de don José Buigues, administrador de Correos, y sobrino de Celestino Pons Albi, el que fuera importante político y presidente de la Diputación de Alicante, en la primera mitad del siglo XX. Estaba casado con Juanita Buigues Morató, que casualmente también era hija de un administrador de Correos de una localidad de Tarragona. El médico Buigues, era un hombre educado, de trato afectuoso y sonrisa fácil. La afectuosidad era la principal característica de su personalidad. Mantuvo con mis padres una excelente amistad, hasta el punto de que asistió a mi madre en el parto de mi hermano Juan Carlos, en el Montañar, cuando yo tenía 14 años. Como médico, visitó en numerosas ocasiones mi casa, atendiendo a la prole de cinco hermanos. Mi madre tenía mucho ojo clínico en cuestión de dolencias y enfermedades infantiles. Entendía y sabía aplicar los remedios adecuados, que en aquellos tiempos eran tan rudimentarios y caseros como la aplicación de cataplasmas, la administración de aceite de ricino o la toma de lavativas. Dicen los científicos que los genes y caracteres de la personalidad de los individuos se transmiten más de abuelos a nietos, que de padres a hijos. Mi madre era nieta de Juan Bautista Bover Dalmau, el médico de los hermanos Carlos y Cristóbal Cholbi, fundadores del Asilo en 1884. Mi madre, bien por la experiencia que le daba la crianza de cinco hijos, o la inspiración médica que le venía de  herencia, el caso es que entre ella y el médico Buigues estábamos bien atendidos y cuidados médicamente. Recuerdo que Don Jaime llegaba a casa, y después de cálidos saludos, se sentaba en el borde de la cama, y de su maletín de médico sacaba el fonendoscopio y la lamparilla, con los que auscultaba y  examinaba la garganta y los oídos. En el diagnóstico de la dolencia, y la prescripción del medicamento solían coincidir mi madre y el médico. Realmente el tipo de enfermedades se reducían a resfriados, anginas y cosas parecidas. A don Jaime siempre le he asociado con un medicamento para el remedio o curación de las anginas, del cual yo era muy propenso a contraerlas. Recuerdo perfectamente, que éste me prescribía unos supositorios llamados “Rectagmidol”. Este medicamento, venía presentado en una cajita de corcho, que contenía dos supositorios envueltos en papel de “plata”. Este atractivo envase de corcho lo utilizaba, a modo de plumier, para depositar las plumas del palillero que utilizábamos en la academia Jesús Nazareno. En la década de los 40-50, don Jaime Buigues era el único médico que estaba motorizado. Primero utilizó una moto y más tarde un pequeño “Austin”, con los que se desplazaba a visitar a sus enfermos. Lo aparcaba en la plazoleta del Pintor Sorolla (hoy hermanos Segarra Llamas) al lado de su casa, en donde tenía la consulta. Años más tarde, trasladó la vivienda y la consulta privada a su nuevo domicilio en la plaza de la Iglesia (lo que hoy es fotografía Aguado). Hacía una vida metódica y ordenada. Siempre cenaba lo mismo: hervido y tortilla francesa. Se bañaba en la playa del Tangó (o del Pope) todos los días del año, siempre que sus obligaciones se lo permitieran. Como hombre de arraigo, fue nombrado juez de paz, pero el ejercicio del cargo, le supuso un contratiempo en el desempeño de la medicina, por lo que solicitó la renuncia antes de acabar el mandato. Con estas líneas me doy por disculpado de mi omisión.

 
                                                         Vicente Catalá Bover
                                                         Noviembre 2013

NOVIEMBRE


Noviembre, mes de difuntos y de matanza (“por San Andrés, mata la res” dice el refrán). Este tema lo tenía preparado para publicarlo la semana pasada, coincidiendo con el día de Todos los Santos y de los fieles difuntos, pero la alarmante noticia de la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo con la puesta en libertad de los asesinos de ETA, hizo que cambiara de opinión y dedicara mi columna semanal para comentar este acontecimiento. Como aún estamos dentro del mes, hablaremos de los difuntos. Empezaré diciendo, que España, a través de la Historia ha demostrado su vocación y efecto de esponja, absorbiendo las culturas de los países que la han invadido. Romanos, cartagineses, visigodos, árabes… y ahora los anglosajones, han influido en la idiosincrasia de nuestra colectividad. Ejemplos de ello son el árbol de Navidad (haciendo la competencia al Belén), el Papá Noel y Santa Claus (sustituyendo a los Reyes Magos) y ahora la fiesta de Halloween. Todos estos eventos han dejado su sello en nuestra manera de ser. Lo último importado, el Halloween, que significa “víspera de todos los santos” y tiene su origen en los países anglosajones. Aquí en España, nos llega de EE.UU. Esta festividad, de cierta complejidad, está relacionada con la muerte y con los espíritus buenos y malos. A diferencia de España, la celebración no tiene su base en el recuerdo y dolor por un familiar fallecido, sino en el trasfondo e interpretación de la muerte como hecho natural y cesación de la vida, con la utilización de máscaras y disfraces, para provocar sustos, bromas y travesuras. Tienen una importante colaboración los niños, los cuales disfrazados de duendes, fantasmas y demonios, pasan por las calles pidiendo dulces de puerta en puerta y son recompensados con caramelos y golosinas. Esta fiesta, aquí es moderna, de hace unos cuantos años, pero se va imponiendo en nuestra sociedad, sobre todo entre la juventud. En España, la fiesta de Todos los Santos, se ha ceñido desde siempre a visitar los cementerios y recordar a los seres queridos que nos han precedido en el camino hacia el más allá. El vocablo cementerio deriva de una palabra griega que significa dormitorio, y generalmente es un terreno cercado destinado a enterrar a los muertos. Estos recintos, se han llamado desde siempre camposantos, debido a que en la cultura cristiana la muerte es la separación del cuerpo y del alma y el paso previo para gozar de Dios. Al tener relación con los misterios divinos, la Iglesia tomó la iniciativa de dar tierra a los difuntos y ese lugar pasó a llamarse camposanto. Hoy, esta denominación ha desaparecido. Más tarde el poder civil tomó la iniciativa y los municipios se encargaron de regular ésta cuestión, pasando a llamarse cementerios municipales. En el transcurso de los tiempos, los enterramientos se realizaban alrededor de las iglesias y fortalezas en donde se refugiaban los habitantes de la población en evitación de los ataques del enemigo. Así tenemos, que los descubrimientos arqueológicos han hallado fosas con restos humanos alrededor de la iglesia de San Bartolomé, concretamente delante del palacio de los Sapena, actual sede de la alcaldía. Para descongestionar la zona de la iglesia, se habilitó un cementerio llamado “lo fosar d´avall”, situado en la actual calle D´avall, dentro de la muralla recayente al sur. En 1502, Diego de Sandoval, marqués de Denia y señor de Jávea (Jávea no fue villa hasta 1612, por privilegio de Felipe III) mandó construir un hospital y una capilla dedicada a Santa Ana y San Joaquín junto al fosar existente. Esta situación se mantuvo hasta principios del siglo XIX, en donde los regidores de la villa con criterios más realistas y adelantados, tomaron la decisión de construir un cementerio fuera de las murallas y apartado del núcleo de la población. De los tres portales de que constaba la muralla, se eligió por mejor situación la puerta de San Vicente o de la  Ferrería, en la partida de San Juan, muy próxima al caso urbano, en donde había una ermita, la cual quedó englobada e incorporada al nuevo recinto. El nuevo cementerio se inauguró en 1817 y los enterramientos se hacían bajo tierra, pero a medida que el terreno se iba llenando de sepulturas, hubo necesidad de recurrir a nuevas soluciones. El proyecto fue puesto en práctica a mitad del siglo XIX, y fue la de construir nichos, unas concavidades de piedra tosca, superpuestas formando un muro para la colocación de los féretros. Este cementerio, ha sobrevivido hasta finales del siglo XX.

 
                                              Vicente Catalá Bover
                                               Noviembre 2013  

LO QUE SALE DE MI TINTERO


Como todas las semanas, me dispongo a recargar de tinta mi pluma estilográfica, para cumplir mi cita con los lectores del Semanal, utilizando como base del tintero un periódico, en evitación del vuelco del frasco y consiguiente estropicio en la mesa. Mientras el émbolo de la pluma va succionado lentamente su alimento, observo de reojo la tinta de la prensa hecha noticia. Al acabar el llenado de mi instrumento de escritura, desdoblo el periódico y me centro en la información que ofrece el mismo. Me llaman la atención dos noticias, que por su calado e importancia, me hacen aparcar y olvidar momentáneamente el tema del que pensaba escribir, que no era otro que (dado que estamos en Noviembre) el recuerdo a los muertos, y algunas curiosidades del cementerio de San Juan. Quiero hablar un poco de las dos noticias que trae el diario. La primera hace referencia, como los lectores ya conocen, a la sentencia dictada por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, por la que ordena la excarcelación de la etarra Inés del Río, condenada a 3.000 años de cárcel, por el asesinato de veinticuatro personas, doce de ellas guardias civiles. Sin meternos en farragosos laberintos judiciales de difícil comprensión, esta sentencia viene a echar por tierra el sistema establecido por el Tribunal Supremo y el Constitucional sobre la redención de penas por aplicación de los beneficios penitenciarios a los penados por delitos de terrorismo. Según interpretación del Tribunal internacional, la etarra condenada debería haber salido de prisión en 2008, y según el TS de España en 2017. Total, que ha “salido de rositas” de la cárcel y encima se le indemnizará con 30.000 euros por los daños morales causados por la prolongación de su permanencia entre rejas. La salida de la cárcel de esta asesina, que no se ha arrepentido de su pasado sangriento, ha producido una seria alarma en la sociedad española, por la burla a las víctimas del terrorismo. Relacionada con éste hecho, es la inexplicable, e inoportuna  afirmación del Fiscal del País Vasco, al declarar que se resistía a llamar terrorista a Inés del Río porque ya había cumplido su pena. Ante tal despropósito, el Fiscal General ha tenido que salir al paso y taparle la boca.

¿Qué explicación tiene todo éste desmadre? La explicación no solo hay que buscarla en la labor de los politizados tribunales de justicia, sino en otros factores más profundos. Hay que atribuirlo a la debilidad política, social, económica e histórica del Estado, como consecuencia de gobiernos débiles que no han tenido capacidad ni aspiraciones para estar a la altura de los grandes países de Europa. Las naciones influyentes y bien dirigidas saben sacar provecho de su relación con las altas instituciones y con los gobiernos fuertes. Como muestra, quiero traer aquí unas manifestaciones del escritor y académico Arturo Pérez Reverte, en un artículo del XLSemanal LAS PROVINCIAS del  21 de agosto de 2011. Refiriéndose al entonces presidente del Gobierno, Zapatero, dice, entre otras cosas: “El problema es que buena parte del trabajo a realizar… está en manos de una pandilla de irresponsables de ambos sexos: demagogos, cantamañanas y frívolas tontas del culo que, como usted mismo, no leyeron un libro jamás….Y ahora, cuando se va usted a hacer puñetas, deja un Estado desmantelado, indigente…Ha sido un gobernante, incompetente, traidor y embustero hasta el último minuto…Ha sido el payaso de Europa…” En fin, con estos gobernantes, no se puede brillar ni codear con el nivel de otras naciones más avanzadas. La otra noticia, es la referente a que los notarios podrán celebrar matrimonios, si se aprueba en el Congreso el proyecto de ley. Esto sorprende en principio, pero no tanto. El notario, como funcionario público esta autorizado por la ley para dar fe pública de los contratos, testamentos y otros actos extrajudiciales celebrados a su presencia. Todos, cuando queremos que un acto o contrato quede “bendecido” y bien atado, vamos al notario, puesto que lo firmado por el mismo “va a misa”. Así pues, no es desacertado pensar que un acto de tanta trascendencia como el matrimonio civil, pueda autorizarlo un notario. El matrimonio civil, como tal es un contrato bilateral entre dos personas, encaminado a establecer una comunidad de vida. Como tal contrato, el notario es el funcionario idóneo para realizarlo. Otra cosa es la disolución del mismo. Aquí entra en juego el juez, la persona encargada de resolver el litigio surgido entre las partes del contrato, los cónyuges.  

 
                                            Vicente Catalá Bover
                                             Noviembre 2013

LA GRANADELLA, MEJOR PLAYA DE ESPAÑA


Hay que ver cuánta diferencia existente, entre poner el título de este artículo en tono afirmativo, o enunciarlo en plan interrogativo o de pregunta, diciendo: ¿La Granadella, mejor playa de España? Si escogemos la rotulación afirmativa, estamos asegurando y defendiendo que la playa de la Granadella es la mejor del país. Si le añadimos la interrogación, ponemos en duda la calidad de la misma. Yo he puesto el título que encabezan estas líneas, tal como saltó la noticia a los medios informativos. En principio, la noticia es grata y añade categoría a la importancia de las playas de Jávea. La playa de la Granadella, situada a 14 km de la población, es de grava y enmarcada por los montes que dejan asomar al mar sus pinares. El enclave natural y la belleza del paisaje no tienen comparación alguna. Tenemos un patrimonio natural que se manifiesta en la variedad y estrategia de un rico paisaje. El litoral, desde el cabo de San Antonio hasta la Granadella, está salpicado de acantilados, calas y playas de aguas cristalinas que conforman la personalidad de la villa de Jávea. La Granadella, con su parque forestal protegido, es uno de los enclaves de la Comunidad más estimados y apreciados por propios y extraños. Por conocimiento personal y testimonio de los residentes, hay que partir de unas premisas para catalogar la importancia del lugar. La calidad de una playa para obtener el máximo galardón, depende de muchos factores, pero principalmente  de varios como: el encanto natural del lugar, la transparencia del agua, la limpieza, la comodidad del acceso…etc., además, de ofrecer buenos servicios al usuario de la misma, incluyendo las instalaciones que posibilitan un agradable disfrute de la playa. Prescindiendo de la solicitud de sombrillas y hamacas, una de las demandas más importantes en estos tiempos de la motorización es el aparcamiento. Se trata de facilitar lugares para atender esta necesidad de los visitantes. No solo terrenos, sino una adecuada actividad de ordenación del tráfico de vehículos. Es tal la nombradía de ésta cala, que las avalanchas de automóviles que acceden a la misma, producen serios colapsos y no menos molestias para llegar y aparcar. Desde hace poco, los residentes y propietarios de los chalés o casas situados en la falda del monte que accede a la cala, vista la necesidad de aparcamiento, aprovechan sobrantes de sus parcelas, para “ofrecerlas” a los desesperados automovilistas, impacientes de dejar el coche y tomar la playa. Por supuesto, previo pago de una “voluntad” fijada por el propietario del terreno. Los caminos, que bajan entre barrancos hacia el mar, son estrechos y peligrosos. Los conductores se ven obligados a realizar maniobras en esos reducidos espacios, formándose un caos entre los que tratan de aparcar, los que bajan hacia el mar, y los que pretender abandonar el estacionamiento. Todo  es debido a que la zona del barranco destinada a aparcamiento ha quedado desbordada. El verdadero problema y preocupación  de la zona es la posibilidad de un incendio.  El solo avistamiento de una columna de humo, es suficiente indicio para poner en movimiento la preocupación y la necesidad imperiosa de salir inmediatamente del sitio. Con este panorama, y el peligro acechando, la situación de la Granadella se transforma en intranquilidad permanente. Dejando el aspecto de la seguridad, la cala de la Granadella, mirándola desde el mar, se compone de dos playas, la propiamente denominada así, y la diminuta playa de la Fonteta, junto a esta, llamada de este modo porque existe un pequeño alumbramiento de agua dulce. Pues bien, el paso de una a otra, es prácticamente una misión arriesgada y algo complicada. Ambas playas están separadas por los obstáculos de grandes rocas, y  pedruscos, algunos por desprendimientos del monte que la envuelve, y que obliga a los bañistas a realizar  piruetas y equilibrios para no perder la estabilidad. La Granadella ha crecido en categoría en estos últimos años, desbordando cualquier previsión (en época alta) de un adecuado y eficaz mantenimiento. Necesita mejorar en servicios esenciales. Dios puso la belleza en la cala, al hombre le corresponde, lucirla y ponerla en buen estado de uso. He empezado este artículo sin ningún interrogante, y lo he terminado (sin mala intención), con interrogación. Hay que mejorar. Mi conclusión es ésta: La Granadella es la mejor playa de España, en belleza. En servicios, tiene que mejorar y luchar para ser la número uno.

 

                                                          Vicente Catalá Bover
                                                           Octubre 2013

TIEMPO DE TORMENTAS


Octubre es tiempo de perturbaciones atmosféricas violentas, acompañadas de lluvia, nieve o pedrisco. Forma parte de la meteorología; la ciencia que se dedica a observar el tiempo y los movimientos de la atmósfera. Estas líneas son un recordatorio del pasado. En los años 40-50, “la lluvia venía y se la dejaba caer”, regaba el campo, hacía crecer las cosechas y se llenaban los pozos y cisternas. La agradecía sobre todo el agricultor, cuya estabilidad y seguridad dependía del tiempo. Con la llegada de la televisión en los años 60, se daba información del estado de la atmósfera y de la previsión de lluvias o mal tiempo, con lo que teníamos un adelanto de lo que estaba por recibir. En Jávea, ya en el siglo XXI, disponemos de muchos aficionados en la materia, con  ideas muy claras en esto de la atmósfera, climatología y meteorología. En la reciente revista del programa de fiestas de la Mare de Deu de Loreto, de Aduanas del Mar, publicado por la Comisión de fiestas, el profesor José F. Erades, en un documentado artículo, nos da una serie de nociones, datos e información muy interesantes. Contando con su aprobación, me permito comentar algunos de los argumentos vertidos en su trabajo. Erades, en primer lugar, aclara el significado de las palabras clima, climatología, temps o oratge i metereología, y hace la distinción entre climatología, ciencia que estudia el clima, y el tiempo, que se refiere a las condiciones de temperatura. Nos dice, que Jávea, después de la ciudad brasileña de Rio de Janeiro, tiene el mejor microclima del mundo, y ésta circunstancia la corrobora con la presencia de eminentes personalidades del mundo de la ciencia,  del arte y la política. El doctor Jiménez Díaz, el modisto Cristóbal Balenciaga, el filósofo Ortega y Gasset, el obispo ortodoxo Casiano “El pope”, y otros, sin exceptuar a “nuestro” Lambert, fueron los enamorados de este clima privilegiado. Como dice Erades, “…el temps ens recorda que pot ser causa de desgràcies, tant a terra com a la mar”. Dicho lo anterior, todo hecho o acontecimiento, feliz o trágico ocurrido hace más de cincuenta años, debe ser recordado para el conocimiento de las generaciones venideras. Me estoy refiriendo a L´aiguá ocurrida en los primeros días del mes de octubre de 1957. Se cumplen 67 años de aquella catástrofe  que afectó a todo el término municipal. Todo fue ocasionado por una lluvia torrencial que arrasó gran número de casas, produjo destrozos en campos, cosechas, caminos y carreteras y el suministro de agua, luz y alcantarillado se vieron gravemente afectados. Durante los días 2 y 3 de octubre, según los técnicos, cayeron 872 litros por metro cuadrado. En aquellos años, no se conocía el término “gota fría”, que ahora hace alertar no solo al vecindario, sino a los Cuerpos de seguridad,  como Policía, Bomberos, Guardia civil y Protección civil. Los daños a la agricultura, principal riqueza de la población, fueron  cuantiosos con destrucción de cultivos, corrimientos de tierras fuera de sus márgenes, inundación de pozos, etc. En Aduanas, sufrieron doblemente los efectos: el temporal de mar y el desbordamiento del río. Los cuantiosos daños  producidos por esta tragedia de la naturaleza, de la que la villa tardó años en recuperarse, ascendieron a 23.300.000 pesetas. Las autoridades, se solidarizaron con el pueblo y con su alcalde Juan Tena,  desplazándose a la villa en representación del Gobierno el ministro Gual Villalbí y el Gobernador civil de la provincia Evaristo Martín, los cuales fueron testigos del desastre y prometieron ayudas a los damnificados. Al cumplirse los cincuenta años de éstos hechos, el Ayuntamiento de Jávea publicó un libro conmemorativo, titulado Xàbia, l`Aiguà de 1957, en donde se recoge una interesante documentación  de lo que significó aquel extraordinario acontecimiento. A pesar de la magnitud  del temporal solo hubo que lamentar el fallecimiento de Rosario Sapena Llidó, que pereció ahogada en la cisterna de su casa, al hundirse la bóveda de la misma. Pasará a la leyenda popular un curioso y necrológico suceso. Un hombre de Jávea, José Roldán, que había hecho fortuna en América, falleció en su casa de la calle S. Joaquín, y cuando estaban velando el cadáver penetró por la puerta una tromba de agua, y el féretro flotando tuvo que ser amarrado para no ser arrastrado por la corriente. Merecen especial recuerdo las crónicas, de los corresponsales de LAS PROVINCIAS, Vicente Mengual, y de LEVANTE, Domingo Crespo, los cuales informaron con toda precisión de la angustia vivida.

  

                       Vicente Catalá Bover
                        Septiembre 2013

LA TURBACION DE LA FIESTA (de Aduanas del Mar)


Hace tres semanas terminaron felizmente las fiestas en honor de la Mare de Déu de Loreto, en Aduanas, con la nota negativa de una aislada actuación de un grupo musical, que causó indignación y rechazo por parte del vecindario que soportó blasfemias,  obscenidades  y groserías de los componentes del mismo. Las fiestas son para la alegría, regocijo y diversión. Los actos de las pasadas fiestas patronales tienen un componente religioso, avalado con las salutaciones del Alcalde, del Presidente de la Comisión de fiestas, del Concejal del ramo y la del cura de la parroquia. Así lo atestiguaban las palabras de las anteriores personas. El Alcalde decía: “Duanes de la Mar víu bolcada en el seu fervor a la Mare de Déu de Loreto i li dedica estos díes per a agriar-li la seua protecció…”. El Presidente de la Comisión decía: “arriba el moment…a celebrar les festes en Honor a la Nostra Patrona la Mare de Déu de Loreto”. Y tanto el Concejal de Fiestas como el párroco, venían a expresar el mismo sentir hacia la Patrona. Dentro de la programación de actos, merece especial reprobación y condena, el concierto de la noche del 30 de agosto, organizado por la peña Els Entorbats, en la Av. Jaime I, hasta las 5,00 h., cuyo espectáculo constituyó un verdadero escándalo por los ataques, insultos y desafíos al orden social, moral y a las buenas costumbres. Los componentes de este grupo, venido de algún pueblo de la comarca, lo constituían individuos desarrapados y soeces que estuvieron toda la noche, con gritos desaforados a través de atronadores altavoces, lanzando maldiciones contra Dios, la Virgen, varias confesiones religiosas e instituciones del Estado. A la policía le dedicaron el claro insulto y gesto despectivo de levantar el dedo corazón. Todo ello, coreado y aplaudido por el público asistente y seguidores de los mismos, enardecidos y excitados por los efectos del alcohol y la droga. Apoyaban estas consignas, un grupo de fans  llegados de pueblos de la contornada, que con sus cabezas rapadas, crestadas y rastadas  daban un carácter insolente y bochornoso a la fiesta. Una de sus frases preferidas y repetidas con grandes alaridos, era: “!putas al poder, que vuestros hijos ya están”, todo ello coreado con gran griterío. El embrutecimiento general en que se había convertido el espectáculo, se alargó más allá de las cinco de la madrugada, en donde el ensordecedor volumen de los altavoces del equipo, hacían vibrar los cristales de las viviendas de la vecindad, haciendo imposible el descanso. Como los ánimos estaban calientes, y la ingesta del alcohol y estupefacientes les pedían “guerra”, los seguidores de los rockeros, se desmelenaron y comenzaron a partir de las seis de la mañana, a cometer desórdenes y actos vandálicos con algunos destrozos do lo que encontraban a su paso, en las calles de Triana y en el paseo de la Marina española, en donde varias patrullas de la Policía local, tuvieron que intervenir para reprimir y atajar a éstos bárbaros en su incívica conducta. Hasta aquí los hechos. Ahora viene la reflexión: ¿por qué se contrata a estos tipos marginados de la sociedad? La explicación, en mi opinión es muy clara. La Comisión de fiestas, tal como está actualmente estructurada, no tiene poder o autoridad sobre la actuación de las peñas festeras. Estas, tienen libertad de movimientos para organizar por su cuenta los espectáculos que consideren oportunos, sin necesidad de aprobación ni de visto bueno por parte de la Comisión. No están vinculadas a las directrices de ésta, ni reciben su apoyo económico. Lo que ocurre es que cuando una peña organiza o contrata una actuación, lo pone en conocimiento de la Junta de la Comisión, no para que ésta lo autorice, sino a los únicos efectos, de que se dé por enterada y la incluya en el programa de Fiestas. El lamentable espectáculo ofrecido por esta peña,  hace “honor” a su nombre de Els Entorbats . La palabra valenciana Torbar-se, significa turbar, alterar. Y Turbar, en castellano significa alterar el sosiego, la tranquilidad o el curso de una cosa. La deducción es que, Turbación, es el efecto de turbar. O sea, confusión, desorden y  desconcierto. La repulsa y condena popular contra la vergonzosa actuación musical, se plasmó mediante la exhibición de algunas pancartas, ante las fuerzas vivas, al paso de la procesión del Santo Cristo del Mar. Me consta, que el descontento en Aduanas, ha sido tomado en consideración por el Concejal del ramo, y habrá reformas al respecto. Para que tengamos la fiesta en paz.
                                

                                                Vicente Catalá Bover
                                                 Septiembre 2013

TIEMPOS DE AYER Y TIEMPOS DE HOY


Finalizada la guerra civil, se abrió una nueva etapa de normalización de la vida, que  en Javea se manifestó y se relacionó con la llegada de forasteros en la época de verano. Eran los pioneros de lo que mucho más tarde se llamó el fenómeno turístico, y que se convirtió en la principal fuente de ingresos del país. Los primeros forasteros tenían dos componentes, según su procedencia. Un componente nacional, integrado por los madrileños, y el núcleo regional integrado por los valencianos de la capital y de Carcagente y los alicantinos de Villena, Ibi y Alcoy, que representaban el potencial agrícola e industrial de estas provincias. Los valencianos llegaban en el Venturo, la línea de viajeros que unía Javea con Valencia. Los madrileños lo tenían más complicado. Llegaban por vía férrea a Valencia, debidamente traqueteados y enlazaban con el Venturo, para llegar a Jávea. Al pisar tierra, tras muchas horas de viaje, exclamaban aquello de “para viaje largo y duro, el tren y el coche de Venturo”. El veraneo de entonces se reducía a solo el mes de Agosto. Hoy el verano comprende julio, agosto y septiembre.  Si hoy dices “me voy de vacaciones”, la pregunta que te hacen es, ¿cuándo?  y contestas: “tomaré dos semanas de julio, dos de agosto y una de septiembre. La llegada de veraneantes favorecía el alquiler de viviendas y el comercio local, reducido a unas cuantas tiendas en el pueblo (Benavent, Armell, Ambrosio Salines, El Sindicat, Chaunet, Sapena...) y otras pocas en Aduanas (los dos primos Ambrosio Ferrer, la tienda de Miquel Crespo “el pelut”, la de Castells “el parrando”…y poco más. Los primeros veraneantes nacionales,  fueron los valencianos (gracias al Venturo), y los madrileños, seguidos ya en pleno desarrollo turístico, de ingleses, alemanes, franceses, belgas y holandeses.

Esta pacífica invasión de visitantes dejaba dinero (aún no se empleaba la palabra divisas)  al pueblo. Acabado el mes de agosto, los veraneantes volvían a sus lugares de procedencia, y el comercio hacía un balance positivo de las ganancias obtenidas que les permitía pasar con desahogo el resto del año. Aquí se podía aplicar la conocida expresión “hacer el agosto”. En la mentalidad de aquella época, el tener llenas las alforjas llenas colmaba las expectativas. Al dedicar su trabajo y esfuerzo al sostenimiento familiar, anhelaban el descanso, que llegaba el 31 de agosto. Ese día, la flota de autobuses de Venturo, con sus  bacas cargadas de maletas, devolvía los veraneantes a sus procedencias. Muchos de los que se habían beneficiado de éstos turistas exclamaban: ¡ya era hora de que se marcharan! Expresaban de éste modo, el instinto poco comercial de la época, y deseaban disfrutar de los ingresos obtenidos durante la época vacacional. Los días finales de agosto, siempre se comportaban de la misma forma, climatológicamente hablando. De forma puntual, entre el 28, día se San Agustín y el 31, de San Ramón, descargaban fuertes tormentas, que refrescaban el ambiente y presagiaban la entrada del otoño. A la caravana de autobuses del Venturo, se unía el camión del ordinario Ros, que recogía  del Montañar, los somieres, colchones, baúles y demás cachivaches que no podían transportarse en el autobús. Al mismo tiempo, que las casas se vaciaban de muebles y enseres, las ventanas, puertas y nayas de los chalés se protegían de la humedad y temporales del mar mediante cañizos. Se suponía, y así era, que los ocupantes de los mismos, no volvían hasta el año siguiente, o por Pascua en todo caso. Esta sensación de despedida la acusábamos también los jóvenes. Los chicos y las chicas de la localidad, en los veranos de 40-50, nos integrábamos, en nuestras diversiones con las pandillas de la  capital que en aquellos años nos sorprendían con los adelantos de Madrid y Valencia. En esos años, existía el prejuicio de ser de capital (y enterado), o ser de pueblo (y atrasado). Cuando se producía el éxodo de los veraneantes, nos dejaban la nostalgia del verano, la vuelta a la rutina y a la soledad de la vida del pueblo. Eso era hace años. Hoy, la villa es una población cosmopolita, con más habitantes foráneos que nativos, y el vacío  que dejan los que se ausentan al final del estío, no se percibe con la intensidad y el grado de tristeza y soledad de antes. Hoy, no se tienen esas sensaciones. En los tiempos de ayer se vivía con lo necesario. En los de hoy,  con lo necesario y lo que pida el cuerpo, llamado también estado del bienestar.

 

                                              Vicente Catalá Bover
                                               Septiembre 2013