domingo, 5 de mayo de 2013

CURVAS DE MUJER


Con la llegada de la primavera se producen en la persona unos efectos en los sentidos que nos llevan a un estado de equilibrio y sensibilidad diferente al resto de las estaciones del año. Conservo de mi madre, un número extraordinario de la revista semanal Crónica que se publicaba en los años 30 del siglo XX. Este ejemplar corresponde al año 1934,  dedicado completamente a la mujer con motivo de la entrada de la primavera. De la lectura de sus amarillentas páginas se aprecia el paso de los 79 años transcurridos desde entonces y los avances sociales de la mujer. La mujer en la década a la que nos estamos refiriendo, estaba marginada e ignorada de la sociedad regida por los hombres, y en un plano de inferioridad respecto del varón. Para la realización de determinadas actividades necesitaba la licencia marital, y debía seguir a éste allá donde fijara su residencia, con excepción de ultramar (América). Bajo estas perspectivas poco favorables, la revista Crónica,  trataba de informar a la opinión pública, que la mujer estaba luchando y abriéndose camino hacia la igualdad con el hombre. Eran los comienzos de la lucha por la equiparación de sexos en la sociedad. La revista tiene una primera parte dedicada a las ñoñeces de la mujer propias de la época. Así vemos a la mujer desde niña, con su vestidito rosa y su muñeca; a la mujer adolescente y enamorada, con su corazón abierto a los  misterios del mundo; a la mujer madre, de cuyo amor nacen los hijos; a la mujer en el deporte, con peligro de perder belleza si desarrolla músculos…etc. Este era el escalón en que se hallaba la mujer en los años 30, y que eran un resumen de la posición de la misma en el mundo. Pero junto a éstas cualidades ya pasadas de moda, la revista se preocupaba del nivel intelectual de ellas. Cuenta como un logro,  que en la Universidad central de Madrid, en el curso 1901-02 habían matriculadas solo dos mujeres, y el número de las mismas en el año 1934 ascendía a mil estudiando carrera, añadiendo que el estudiar en España ya era una cosa tan normal  como poseer un automóvil o un aparato de radio. En el mundo del trabajo, quiere desterrar la imagen que se tenía de la mujer, dedicada a las faenas del hogar y cuidado de la prole. Esta aspiración viene reflejada en la conversación entre un señor y una señora. Aquel, le preguntaba: “Usted señora, ¿por qué no trabaja?, y ella, muy airada le contestó ¡pero, que se ha creído usted caballero!”, considerando como una ofensa el trabajo de la mujer fuera del hogar. La revista dedica muchas páginas a la moda, ese conjunto de de usos y costumbres circunscritos a una época, mobiliario, arte,  literatura y sobre todo al vestido. Es curioso observar que en la moda intima de la mujer, no se conocía la palabra lencería. En esa zona corporal de ellas, las ofertas se referían a sostenes, fajas y corsés ¡con sus recambios de ballenas! en comercios especializados. La morfología de la mujer, con su redondeado cuerpo ha inspirado a artistas y a creadores de la moda. En cuanto a  la escultura y pintura, sus autores han plasmado siempre con especial sensibilidad la belleza de los rostros y la sinuosidad de sus contornos. Si en este campo tienen importancia las curvas de mujer, estas tienen más relevancia en el mundo del vestir en donde sus diseñadores  se valen de estas redondeces para lanzar sus novedades. He observado que las modelos  que pisan las pasarelas luciendo las prendas  confeccionadas por los modistos, son bellas  de facciones, pero el resto del cuerpo no guarda  relación con el rostro. Sus cuerpos, a fuerza de disciplina, y sacrificio  para la exhibición carecen  de  contornos visibles. Son delgadas,  que a fuerza de “mantener la línea” (recta), pierden las curvas. Con escasez de busto, nalgas, pantorrillas y muslos, los movimientos de la cadera y el cruce de pies al pisar, activan  con gracia y elegancia su esbeltez  corporal. 
En estos tiempos, se observa que la mujer siguiendo la moda imperante, se viste con prendas finas de punto, como leotardos, pantalones, mallas y medias, que ajustadas al cuerpo, como ventosas, y con el remate de las botas de amazona, resaltan sus encantos y manifiestan sus curvaturas Para terminar, como  bienvenida a la primavera y culto a la mujer, diré que ésta  reúne tres condiciones: serenidad, belleza y proporción, que vienen a reflejar el optimismo de la vida, la alegría sana, y el ansia de vivir entre lo más bello de la Naturaleza. Se acabaron por hoy las curvas.

LA SUBIDA


 O el retorno del Nazareno a su ermita. Se acerca la festividad más entrañable de la villa, cuyo sentimiento y fundamento histórico llevan en su corazón todos los  javienses. Se basa la devoción a Jesús Nazareno, en la protección que prestó a la población en el año 1854, al preservarle de la enfermedad del cólera morbo asiático que se desató, y que causó una gran mortandad en el país. Obrado el prodigio de librarnos de la terrible enfermedad mortal, el pueblo,  agradecido a su “amable protector” según reza el himno en su honor, le acompañó en solemne procesión de despedida hacia su destino en el Calvario.
Ha transcurrido siglo y medio desde el acontecimiento, que originó la idea de la bajada del Nazareno y la fiesta de la despedida que suponía la subida del mismo a su morada. Hoy, la fiesta conserva a pesar de todas las transformaciones, cambios sociales y políticos, el mismo sentido religioso que animó a nuestros antepasados a homenajear al Nazareno. La conmemoración tiene un profundo calado religioso en la conciencia popular, que tiene mucha fe en Jesús Nazareno,  y una gran veneración hacia el mismo. Recordando tiempos de los años 40-50 del siglo pasado, cuando el Nazareno realizaba su bajada al pueblo, las fiestas organizadas en su honor tenían dos componentes diferenciados:  el aspecto religioso, de carácter devocional y el aspecto lúdico o profano, de la llamada entonces “fiesta cívica”, que incluía,  “el bous al carrer” por el  casco antiguo. El aspecto religioso de la fiesta tenía mucho arraigo en el pueblo.  En esa época, alentados por el espíritu religioso, por el hecho de ser la religión católica, apostólica y romana la religión oficial del Estado, nos infundían ideas y devociones religiosas. Lo mismo nos hacían en la política, en donde  nos adoctrinaban en ese campo. Igual vibrábamos cantando el Cara al Sol,  que entonando el himno al Nazareno. Divino Nazareno/, de Jávea excelso honor/, sed siempre de amor lleno/, su amable protector. Jávea, a quien mil favores, prestó vuestro poder/, inciensos y loores/, justo será que os dé…. La parte religiosa, se centraba en la celebración de la novena, en la que todo el pueblo se congregaba en el templo de San Bartolomé. Hombres y mujeres, chicos y chicas, debidamente separados en el interior de la iglesia, acudíamos con ilusión a esta práctica devota, en donde el acto religioso emocionaba, con sermones vibrantes, que culminaban con el cántico fervoroso del himno, amenizado con el armonio interpretado por el profesor de música Miguel Benavent. Los jóvenes, a continuación acudíamos al baile en la plaza de Baix,  en donde una orquestina sustituía al armonio de la iglesia y la separación de sexos se convertía en ansias de arrimo. El ambiente social  de aquellos lejanos tiempos, nos incitaba y nos invitaba a acudir a la novena. Se hacía con gusto y sin exigencias de nuestros mayores. Todo entraba en la diversión de la época.
Quiero comentar en estas páginas las curiosas incidencias, de la subida del año pasado. Cuando el Nazareno, a hombros de los cofrades, había completado el itinerario callejero por el pueblo, vitoreado desde los balcones con lluvia de pétalos, al iniciar las zigzagueantes rampas de las estaciones del vía crucis, los faroles del trono del Nazareno se apagaron de repente, dejando en total oscuridad a toda la multitud que seguía la procesión. La curia parroquial y las fuerzas vivas que iban detrás de las andas, se hicieron invisibles. Los músicos dejaron de tocar, al hacerse ciegas sus partituras. Se produjo una ligera confusión, y la gente empezó a desfilar, a tientas,  hacia sus casas mientras el Nazareno subía a oscuras. Los escasos cirios que quedaban sirvieron para alumbrar el regreso. Las mujeres se descalzaban, no por acto penitencial, sino para no caer de sus tacones. ¿Qué pasaba, se preguntaban todos? Pues que la crisis hizo mella en las baterías eléctricas que alimentaban las luces del Nazareno.  ¡Se agotaron! Me pareció oír la voz del Nazareno que decía,  “Amado pueblo, ya estoy llegando a casa, y me conozco el camino, os agradezco vuestra compañía, cariño y devoción. Regresad a vuestras casas porque, ya veis que he tenido que apagar luces antes de llegar, debido a ésta crisis. Volved el año que viene, a ver si con un poco de suerte podemos tener  más luz.” ¡Y es que la crisis no respeta ni al Nazareno!

LA SILLERIA Y EL SOFA


Tengo un amigo que anda estos días tratando deshacerse (vender o regalar) de una antigua sillería heredada de algún pariente y no encuentra donde colocarla. Ni se la compran ni nadie la quiere regalada. Se trata de muebles viejos que en su día formaron parte del entorno familiar de nuestros antepasados. La comodidad del cuerpo tiene en el mobiliario sus modas que han ido evolucionando con el paso de los años.  
En las antiguas fotos de cartón,  donde se recogen las poses de nuestros abuelos, vemos que aparecen fotografiados en los momentos estelares de sus vidas, (bautizo, primera comunión y casamiento), en donde los retratados aparecen en posiciones rígidas, y firmes, carentes de confort, debido a la severidad e incomodidad del mobiliario, y faltos de sonrisas por la alegría del acontecimiento. Eran sillas y sillones austeros, de asientos duros y respaldos rígidos, que incitaban a una postura solemne y poco relajada. La historia de la silla y sillones, en general, ha tenido más trayectoria  social que los modernos y relajantes sofás de ahora. Siempre se ha hablado de estilos de sillerías referidos a épocas, reinados, imperios…Así, tenemos sillas y otros muebles de estilo isabelino, inglés , imperio, Luís XV, Luís XVI…, etc. y otros personajes históricos que han dado nombre al antiguo mobiliario. El cuerpo siempre se ha adaptado al mueble existente en la época. La comodidad corporal ha evolucionado como todo. Esta comodidad viene determinada por la posición y colocación de las posaderas (vulgo culo, para hablar claro). En asientos duros, la persona está incomoda y se remueve en los mismos buscando la posición más idónea para el descanso. Recuerdo que en los años 40-50 del siglo pasado, la sala del cine Espinós, estaba compuesta de butacas de madera que ponían a prueba el trasero de los espectadores, sobre todo cuando se trataba de largometrajes como  “Lo que el viento se llevó”., proyectada en 1955. .
Las sillerías antiguas, compuestas de sillas, sillones y sofás de nuestros abuelos,  con reposa-brazos y respaldos rematados con artísticos trabajos de ebanistería,  más que utilidad práctica, servían como adorno del salón, y formando parte de la estructura señorial del mismo. No eran las sillerías muebles confortables, sino de presunción. Recuerdo que en casa de mi tía abuela Josefina (la llamada “casa de la señoreta Josefina”, en el carrer Roques) en la sala donde ella, (que era soltera), y su sirvienta “hacían la vida” y recibían las visitas de familiares y amistades, había  una sillería para cumplimentar a las visitantes de postín (el médico, el cura y alguna que otra monja o fraile postulante). Esta sillería, con su carga  de incomodidad permanecía siempre sin usar y no envejecía nunca. Permanecían siempre en perfecto estado de revista, tapados con unas fundas de tela blancas para que no cogieran polvo. Cuando alguien importante anunciaba su propósito de visitar, se procedía a retirar las fundas y descubrir la sillería, orgullo de la casa. La sillería cumplía el doble papel de recibir las visitas y servir de pompa y ostentación. Como decían los romanos “ad pompam vel ostentationem”.    Los sofás modernos, han tomado el nombre de tresillos por el número de piezas que forman el conjunto mobiliario. Los estilos de las sillerías de nuestros antepasados  eran muchos, porque predominaba el estilo de la época o de un rey, y antes que la comodidad se buscaba alardear. Hoy  en los sofás modernos, lo que predomina no es el estilo sino el confort y el bienestar corporal. Carecen del sentido artesanal de los de antes, y se fabrican en serie como los automóviles. Hoy los jóvenes son los principales usuarios de este muebles, porque no soportan la incomodad. En sus casas se dejan caer sobre los mullidos sofás y se  repantigan y despatarran todo lo que pueden, con las piernas buscando  reposo en otro mueble o mesa centro. En las cercanías de los colegios e institutos,  se les puede observar, en el recreo, sentados o tirados en las aceras, incapaces de permanecer de pie durante unos minutos. En los bancos públicos no soportan la dureza de sus asientos y adoptan las posturas que mejor les pide el cuerpo. En los automóviles, estiran las piernas para apoyarlas en el salpicadero. No se adaptan a lo que hay. De esta generación se dice que han nacido cansados.

sábado, 13 de abril de 2013

CALLES DEL PASADO Y DEL PRESENTE


La calle, considerada como  espacio entre edificios que forman una población, tiene su desarrollo o desenvolvimiento histórico como lugar de bullicio y ruido de los habitantes que la ocupan. La calle es el conjunto de tres perfiles que la definen como tal. Son: la calidad del pavimento, el rumor de la gente y una suficiente iluminación. En nuestras calles, y en lo que concierne a la pavimentación, diré que este nuevo enlosado ha sido durante cuatro años el martirio, mortificación y ruina de muchos comerciantes. Es un tema, que para bien o para mal ya está asumido y “sufrido”. Esta renovación del pavimento del casco histórico fue una torpeza técnica y un fracaso de la política municipal. La Historia de la humanidad, recoge los  acontecimientos de un tiempo pasado en un determinado espacio o lugar, para transmitirlos al  tiempo presente a través de los medios de comunicación. Este traspaso del pasado al presente, se refiere a hechos (guerras, catástrofes,  invenciones, modas...etc.) y a manifestaciones de la personalidad humana, como son el bullicio y ruido en la calle. Este bullir humano también es historia local y a ello me voy a referir.
¿Cómo eran las calles durante la segunda mitad del siglo XIX? Las calles, durante este periodo estaban ocupadas por vecinos que deambulaban por ellas movidos por sus quehaceres y actividades habituales, muy distintas a las de hoy. Los niños jugaban, los jóvenes se divertían en el “paseig”, y los mayores mataban el tiempo en las aglomeraciones de los bares. El pueblo bullía y vibraba en la calle porque se “hacía la vida” allí. La chiquillería, niños y niñas, cuando terminaban sus obligaciones escolares, ocupaban la calle con sus juegos y brincos hasta que llegaba la hora de recogerse para cenar. Esa infancia de antes, no tenía los deberes escolares que tienen las actuales generaciones estudiantiles, y les permitía retozar en las calles. Si los niños son la alegría de los padres en el hogar, en la calle eran la vida del pueblo. En los tiempos de hoy, cuando se cierran los centros educativos (antes escuelas), los niños pasan de las aulas a sus casas, en donde se encierran en sus dormitorios para una doble actividad: realizar  los deberes impuestos por los profesores y jugar con las últimas novedades tecnológicas e informáticas, puestos a su alcance. Móviles, internet, consolas, y tabletas, son los juegos que están de moda y a disposición de esos niños. Se acabó el desfogue en la calle a base de saltar y brincar, hasta quedar rendidos y camino de la cama. A la hora en que la población infantil se retiraba,  hacían su aparición  los jóvenes, que tomaban las calles en pura manifestación de diversión en el paseo o “paseig”, un ritual social de obligado cumplimiento. Si no te dejabas ver en el paseo, es que estabas mal, y la gente lo notaba y te echaba de menos. Dejando a los niños y jóvenes, estaban los mayores, para completar el padrón. Estos, después de terminar sus labores agrícolas, dejaban el carro y el macho, se sacudían el polvo que les envolvía y emprendían el camino del casino, del bar, o del trinquete, en  donde la conversación, el juego de cartas y el dominó ocupaban el resto del día. En el buen el tiempo, la vecindad de la calle, practicaba  la “vetla”, la tertulia en la calle, después de cenar, sentados en sillas de enea o mecedora, hasta que el sueño les vencía. Hoy, la televisión ha suprimido esta costumbre, y el dialogo se hace con el vecino, sin silla, sino con el móvil. El tercer componente de la calle es la iluminación. Antaño, el alumbrado callejero era escaso, a base de una tenue luz  y con restricciones en el  suministro. El núcleo urbano en donde más destacaba la “vida” en la calle eran las dos plazas (la de la Iglesia y la de Baix) y las calles de S. Buenaventura y Mayor, en donde estaban instalados los bares y demás atractivos. El entorno  de la Plaçeta del Convent, al estar históricamente fuera de las murallas,  ha sido el barrio de ensanche del pueblo, donde abundaban los grandes locales, como almacenes,  “cups” y  almazaras. El  popular Bar “El Noy” y su clientela, cerca de la parada de los autobuses de Venturo en la calle Reina Regente (hoy Príncipe de Asturias), eran los dos factores ambientales de la zona. Resumiendo: el elemento humano (niños, juventud y mayores) ha desaparecido de la calle. Los niños ya no juegan a “polis y ladrones”, ni las niñas al “corro de la patata”. La juventud ya no pasea, corre,  haciendo footing y los mayores ven la tele en su casa y se van de viaje. En las calles del pasado había mucha gente y poca luz.  En las calles del presente hay poca gente y mucha luz.

EL DEDO


Buscaba en la enciclopedia la palabra democracia,  (demos, pueblo; kratia, poder), con el propósito de comprobar si lo que está ocurriendo en el país es compatible con ésta forma de gobierno del pueblo. Antes de llegar a ésta palabra, me  he encontrado con la palabra dedo, con su significación anatómica y funcional, como parte del cuerpo humano. He comprobado la cantidad de sentidos figurados que posee esta palabra, y en ella he recalado para reflexionar sobre su actualidad. Veamos unos ejemplos: Pillarse los dedos (sufrir un descuido), chuparse los dedos (hacerse el tonto), a dedo (nombramiento con influencia), poner el dedo en la llaga (acertar), a dos dedos (muy cerca),… y así una gran variedad de acepciones de ésta parte corporal. El dedo, con su aplicación y pulsación en un objeto tecnológico, como es el móvil, ha adquirido gran protagonismo en los actuales tiempos de la invención humana. También lo tiene en el mundo del arte, sobre todo en el campo escultórico y pictórico. Ahí está el dedo de Cristóbal Colón, señalando desde su pedestal barcelonés el nuevo mundo descubierto por él, o el dedo índice de San Vicente Ferrer, señalando al cielo (Timete Deum). Son muchos los personajes de la Historia que  con un dedo o un gesto han sellado para la posteridad  su  merecida labor. Podríamos decir que vivimos en una “dedocracia” en el que el régimen que impera es el dedo buscador y trabajador. Hoy, el dedo índice y los demás de la mano, están activos y son los protagonistas en la manipulación informática, o la ventana por la que observamos el mundo. Hoy los avances de la ciencia nos han situado en unos niveles de total dependencia de la tecnología. Algún sabio físico, cuyo nombre no recuerdo en este momento, dijo “Dadme una palanca y un punto de apoyo, y levantaré el mundo”. Hoy se puede decir “Dadme un móvil y un dedo, y os enseñaré el mundo”.
El mundo, y la sociedad está absorbida e identificada en el dedo que le lleva a accionar el móvil y demás telemandos que ponen en funcionamiento los utensilios domésticos que son la base de nuestro confort y bienestar diario. Hay una total adicción y dependencia de la informática. Es tal la identificación  del móvil con la persona que se puede afirmar que forma parte de la higiene del cuerpo. Igual que nadie sale de casa sin un mínimo aseo personal, hoy no se concibe pisar la calle sin el móvil. Este, es útil en la calle, en el trabajo, en el autobús, y en las intimidades del retrete. A primera vista, parece que la humanidad disfruta felicidad y todos se sienten dichosos, conversando y transmitiéndose mensajes. Todo parece que va bien, pero no es así.  Siempre se ha dicho “hablando se entiende la gente”. El hombre nunca se entenderá con sus congéneres. El gen del mal va implícito en la condición humana (“el hombre es un lobo para el hombre”, dijo Hobbes). Lo niños desde los diez años o antes, los adolescentes y jóvenes en edad estudiantil disponen de móvil, que debido a sus escasos años utilizan como juguete para el esparcimiento propio de la edad, y al mismo tiempo como arma para el desarrollo de  las travesuras, y comportamientos juveniles. La crueldad de algunos llega a extremos de causarles placer y divertimiento el padecimiento ajeno. Graban videos de palizas que propinan a sus  compañeros de clase, y vejaciones a los profesores, que luego los visionan con complacencia, sin conmoverse y, que para demostrar su machada cuelgan en los móviles de otros condiscípulos. Hace poco un alumno  descerebrado, saltándose las reglas de la educación y del respeto, en un centro escolar,  con un mechero prendió fuego a la cabellera de una profesora. El instinto maligno del ser humano, amparándose en la sombra y en la impunidad que le ofrecen estos adelantos, le impulsa a    lanzar mensajes amenazadores, a todos aquellos a los que desprecia y que considera enemigos. No todo es comprensión cuando se mueve el dedo en la pantalla del móvil. Una anécdota que viene a cuento.  Es sabido  que la reliquia del brazo incorrupto de Santa. Teresa de Jesús, la conservaba Franco en la cómoda de su dormitorio, para que le protegiera en el gobierno de la nación. Hoy, tenemos el dedo corrupto del ex -tesorero del PP, que lo utiliza para insultar y eludir responsabilidades. En este avanzado mundo tecnológico,  un dedo de un irreflexivo dictador, apretado sobre un botón nuclear puede acabar con el planeta. Es la fuerza, importancia y temeridad del dedo. No hay que temer a Dios, como decía S. Vicente. ¡Temed al dedo!

MARZO, MES DEL NAZARENO Y DE LOS PEPES


Ordenando papeles en mi baúl de los recuerdos, me he encontrado con una carta del cura Antonio Llidó Mengual (q.e.p.d.) y su relectura me ha llevado a escribir estas líneas. Antonio Llidó, nacido en ésta villa, en 1936, en el seno de una modesta familia, estudió el Bachillerato y el Magisterio en la Academia Jesús Nazareno, de la calle Primicias, en la que fuimos condiscípulos. Entablamos una buena amistad, y cuando terminé el bachiller me marché a Valencia para iniciar mi carrera universitaria. Continuamos la amistad a través de la correspondencia, en donde Antonio me mantenía informado de la actualidad local. En los años 60, una vocación tardía al sacerdocio, le llevó al Seminario de Moncada, al lado de Valencia. En su etapa de seminarista, yo le visitaba los domingos. Al ordenarse como presbítero, tuvo su primer destino en Quatretondeta, y luego de unos destinos y avatares  del momento político de España,  marchó a ejercer su apostolado a Quillota (Chile). Allí, al decantarse a favor de las libertades del pueblo oprimido por el régimen dictatorial de Pinochet,  fue perseguido, detenido, torturado y ejecutado por el gobierno del dictador. . Su hermana Pepa y su cuñado Ferrán, con un denuedo incansable, acudieron a Autoridades, Parlamentos e instituciones europeas, demandando amparo y justicia para su hermano. Su caso fue muy conocido y ocupó muchos espacios en los medios de comunicación nacionales y extranjeros.
Retomando el tema del titulo de estas líneas, inspiradas en la carta de Antonio,  todos sabemos que en el casco antiguo del pueblo, hay tres festividades, que sobresalen de las demás, y que se concretan en la Bajada del Nazareno de su ermita del Santo Cristo del Calvario, que se celebra el día 3 de marzo, y la Subida del mismo a su morada el día 4 de mayo. La tercera festividad son Les Fogueres de Sant Joan, en Junio. Las dos primeras, de carácter religioso, con “incrustaciones” de fiestas cívicas (así se llamaban antes los “bous al carrer”) y la tercera totalmente cívica, con una mínima incidencia religiosa. Recordemos para las nuevas generaciones (que leen poco, y le dan mucho al móvil), que el origen de la festividad del Nazareno data de 1767, cuando los duques de Medinaceli, regalan a Jávea una imagen de Jesús Nazareno, que instalan en una vieja ermita situada en el Calvario. Mas adelante, se costea con cargo a la cofradía del mismo nombre la nueva ermita construida sobre la primitiva, en 1848. En el año 1854, hace su aparición en toda la región valenciana la enfermedad contagiosa del cólera asiático, procedente de la India. Era una enfermedad mortal, consistente en una infección intestinal, que causó miles de fallecimientos. El pueblo de Jávea, ante el peligro que suponía esta terrible enfermedad, se encomendó al Nazareno, y para postular su protección, lo bajaron del Calvario y se le “hospedó” en la iglesia de S. Bartolomé. La curia parroquial se encargó de hacer rogativas para que preservara al pueblo del terrible mal. Cuando se comprobó que el cólera no había causado ninguna desgracia, el pueblo agradecido y en solemne procesión subieron al Nazareno a su lugar. Anualmente en recuerdo de aquel acontecimiento milagroso, se celebra la Bajada y Subida. El otro dato, que comentaba Antonio en su carta, era la celebración del día de San José, En Jávea hay muchos Pepes y Pepas, y antes se celebraba de una forma muy distinta a como se hace hoy. Vean como se vivían estas festividades. La carta está fechada en 25 de marzo de 1955, y dice así “Estimado Vicente: He aguardado a escribirte hasta ahora porque quería contarte todas las peripecias que hicimos por aquí la semana pasada con eso de la bajada de Jesús Nazareno, y la fiesta de S. José. Tú ya sabes lo que es eso de la bajada. Hacemos de todo menos ir a la procesión y pasamos una tarde magnifica. Este año terminó pronto y aquella tarde abrieron la Tómbola, en donde estuvimos bailando hasta la hora de cenar… El día de S. José, como tú sabes que hacemos todos los años, recorrimos por la mañana todas las casas de  Pepes que conocíamos, y como comprenderás llegó medio día y estábamos todos más que regular. En eso vimos a D. Francisco [director de la academia] y nos fuimos a su casa a tomar cerveza unos cuantos. Con todo esto se hicieron las cuatro y aún no habíamos ido a comer. Por la tarde fuimos los amigos y amigas a casa de los tres Pepes de la cuadrilla [Noguera Font y Ronda], y de la Pepa [Pepita Mengual]….”. ¡Qué tiempos! Se felicitaba primero a los conocidos y luego a los amigos de la cuadrilla. Era la cuadrilla de Pascua, algo muy entrañable de los jóvenes.

CONTAR CORRUPTOS


Contar es una capacidad que el ser humano lleva consigo mismo desde que nace, y forma parte de su personalidad. Esta facultad se desarrolla desde nuestra más corta edad. Aprendemos a contar porque nuestros padres, nos lo inculcaron desde la cuna. El padre, la madre y, hoy los abuelos, empleaban la táctica del cuento para entretenernos y para dormirnos en la cama. El escuchar cuentos tiene el efecto de hacer dormir, igual que un discurso o sermón soporíferos. El niño acababa siempre dormido antes del que el cuento acabe. Los niños a base de la ración de cuento diario, se los aprenden y los memorizan para la posterioridad, para cuando tengan que hacer la función de de progenitores. El instinto y la capacidad de imitación del niño es tan fuerte que cuando las niñas juegan a “papás y mamás”, éstas “duermen” a sus muñecas contándoles los cuentos  aprendidos de su madre. Lo mismo les pasa cuando oyen a sus mayores un chiste. El niño tiene una gran facilidad de asimilar las cosas y conocimientos que se ponen a su alcance, para luego imitarlas y exteriorizarlas a los demás (véase su facultad instintiva de aprender  el manejo de los complicados artilugios  informáticos actuales). Sin embargo, no hay nada peor que un buen chiste contado por un niño de corta edad. Su personalidad aún no está lo suficientemente desarrollada para darle la entonación, matización y la gracia para que produzca el efecto de la risa. Un chiste bueno contado por un patoso, se transforma en malo, y al revés uno malo se hace bueno contado por alguien que le ponga su pizca cómica. Esto de contar cuentos, e historias  es una práctica que se adquiere en la niñez, y se desarrolla con la edad, en la que se aprende a mentir y contar bulos y calumnias. Por eso se dice que el niño no miente porque aún está dotado de inocencia y no ha desarrollado los malos instintos de que está dotada la naturaleza humana. El niño al crecer e ir a la escuela o al colegio, ya no está para que le vengan con cuentos. Ahora aprende matemáticas y otras materias que le sirvan para labrarse un porvenir. En mis tiempo se aprendía urbanidad, que era la “ciencia” de saberse comportar con educación en sociedad y en familia. En los años 40-50, a falta de entretenimientos como la televisión o el  móvil como ahora, nos entreteníamos contando los reyes godos y  las alineaciones de los equipos de fútbol. Saberse de carrerilla los treinta y tres reyes del reino visigodo, desde Ataulfo hasta Don Rodrigo era una machada sabérselos y una gozada contarlos. Así como hoy solo se habla del F.C. Barcelona y del Real Madrid, el equipo preferido de la juventud era el Athletic Club Bilbao, equipo en el que se identificaba el coraje y bravura de la raza hispana (los leones). Recuerdo aquella alineación compuesta por Carmelo en la portería, Orue, Garay y Canito en la defensa, Mauri y Maguregui en la media, e Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza en la delantera. La táctica, eran tres defensa, dos medios y cinco delanteros.  También era inolvidable la “delantera eléctrica” del Valencia de los años 40, formada por Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostizaa. También recitábamos aquello de “Con diez cañones por banda/ viento en popa, a toda vela,/ no corta el mar, sino vuela,/ un velero bergantín”, …de Espronceda. Eran tiempos de cuentos, y de contar lo aprendido, fueran reyes, futbolistas o poemas. Cuando ya éramos creciditos y los padres no estaban para cuentos nos enseñaron que la mejor forma de combatir el insomnio y conciliar el sueño en la cama era contar ovejas o borregos, uno por uno, hasta que la monotonía nos vencía y caíamos dormidos. Era el remedio casero y no se conocía otra cosa.  Hoy ha cambiado la terapia y se conoce un nuevo método de acabar aburrido y rendido en la cama. Produce algo de repugnancia, pero es eficaz. El nuevo remedio consiste contar los corruptos producidos por la clase dirigente política, empresarial y banquera. Hay tantos como borregos y el sueño está asegurado. Así como los borregos están en el corral o en el campo, los corruptos (¡presuntos!) están en el banquillo o en la prisión. Para contar corruptos hay que ir caso por caso. Por ejemplo, el caso Malaya, con la Pantoja y el Julián Muñoz.  El caso Nóos, con Urdangarin y Diego Torres. El  caso Campeón, con el ex ministro José Blanco (“Pepiño”), el caso Gürtel, en donde hay un buen rebaño, igual que en el caso Brugal cuya cosecha de corruptos es frondosa. Corruptos no le faltarán para coger el sueño. La lista no parece tener fin. ¡Contar corruptos! hasta que el  aburrimiento acabe con el insomnio.