domingo, 15 de diciembre de 2013

LOS MEDICOS EN LOS AÑOS 40

En cuestión de sanidad local, y en concreto en la prestación de servicios para preservar la salud, hay que reconocer que ésta villa siempre ha estado en niveles de deficiencia e inferioridad, con respecto a Denia. Desde que Jávea era un “lugar o alquería” de Denia en el siglo XIII, y después villa en 1612, por privilegio de Felipe III, nunca hasta hoy, ha tenido este pueblo un sistema de protección sanitaria acorde a sus necesidades. Siempre ha dependido y sigue dependiendo de su capital comarcal. Vayamos a la historia. El número de médicos en Jávea en los años 40 del siglo pasado, se reducía a tres. La villa en esa década contaba con 5.000 y pico de habitantes, y los profesionales que atendían la sanidad eran tres, D. Jaime Martí, casado, sin hijos, tenía su domicilio en la calle Canónigo Pajarón (hoy Roques), D. José Ferrándiz Buráñez, también  casado y sin hijos que tenía su casa y consulta en la Avda. del Caudillo (hoy Alicante), y D. José Bover Dotres (tío abuelo materno mío), casado y con una hija llamada Catalina, que tenía su hogar y consultorio en la misma avenida, a escasos metros del anterior. En aquellos años, recién terminada la guerra civil eran tiempos de penuria y necesidades y no existían ambulatorios públicos. Años más tarde, sobre los 50-60, en la calle D´Avall (antes Hermanos Cholbi), en donde en 1502 se construyó el primer hospital, se creó un consultorio, (hoy Oficina técnica del Ayuntamiento) atendido por los médicos titulares D. Salvador Barber Part y D. Rafael Peiró Fayos. Fue el primer consultorio público de carácter municipal. Más tarde, a finales del siglo pasado se creó el actual ambulatorio  en la plaza de la Constitución y  hace cinco años se abrió el de Aduanas del Mar. Hay que decir sin miedo a errar que desde siempre, en el campo de la atención sanitaria Jávea ha estado muy atrasada y sigue estándolo con respecto a la vecina Denia. Esta, siempre ha gozado de consultorios, clínicas y hospitales, con sus correspondientes plantillas de especialistas y personal sanitario de la que se ha beneficiado y se sigue beneficiándose Jávea. Por mucha rivalidad  histórica con Denia, ésta nos supera largamente en éste ramo. En mi niñez y adolescencia, en donde no se conocían las diversiones de las maquinitas tecnológicas de hoy, nuestros juegos consistían en brincos, revolcones y porrazos, cuyos riesgos y peligros comportaban la rotura de brazos, piernas o manos, y su final eran las clínicas de Denia. Pero, este panorama que viene del pasado, subsiste hoy día. Sin ir más lejos hace dos años, en 2011, conocí el caso, que para detectar un esguince de pie producido por una caída, el servicio de urgencias del actual ambulatorio no disponía de aparatos de radiología para examinar el alcance de la lesión, por lo que el paciente tuvo que acudir por sus propios medios al servicio de traumatología de un hospital de Denia. Volviendo a los 40 de Jávea, estos tres médicos D. Jaime Martí, D. José Ferrándiz y D. José Bover, ejercían la medicina a través del sistema de igualas, con lo que se aseguraban la base de sus beneficios económicos. La iguala, (antecedente de la actual póliza de asistencia contratada con una aseguradora médica), consistía en una especie de contrato entre el cliente y el médico, en virtud del cual este último se obligaba mediante el pago de una cantidad fija de dinero al año, a prestar asistencia al enfermo. El médico se aseguraba un sueldo y el paciente tenía cubierta  su atención facultativa. Aquel se obligaba a atender al enfermo tanto en la consulta particular como en el domicilio de éste. En éste último caso el médico acudía a la casa a pie, pues ninguno de ellos tenía coche. Para desplazamientos fuera del núcleo urbano se valían de la “flota” de los dos taxis existentes en servicio: el pequeño Fiat de Vicent Miralles, “El pedreguero”, que contrastaba con la gordura de su conductor, y el de Vallés, “El borruguero”, más grande que el anterior. Después, se incorporó Pascual Codina, con un taxi provisto de banquetas supletorias entre los asientos. Al médico que más traté en mi etapa estudiantil,  fue a mi tío-abuelo Pepe Bover,  Este, era de carácter abierto, campechano e impulsivo. Recuerdo que un día fue requerido por su hermana María, que vivía en el carrer de Gual y al preguntarle : “A vore, que tens”,  y ésta le contestó: “Mira Pepe, m`agachat y ha sentit un esclafit en el llom”, a lo que su hermano, sin prestarle importancia, le contestó de sopetón: “¿no será que t´auras tirat un pet?”.


                                                Vicente Catalá Bover
                                                 Agosto 2013

TIEMPO DE LA "RENDA"

La agricultura es una de las primeras y primordiales actividades económicas de los hombres y la única a acaso verdaderamente esencial en la vida. La población de esta villa, tradicionalmente ha dependido de la labranza o cultivo de la tierra, que le ha proporcionado los recursos para la subsistencia. El invierno es tiempo de preparación del campo, mediante la plantación, siembra, regadío y abono del mismo. Llegado el verano, es tiempo de la recolección de los frutos. Este momento se conoce ancestralmente como la “renda”, o sea el período desde junio a septiembre, en donde el agricultor recoge el producto de su esfuerzo durante todo el año. En el mes de junio, comienza la “renda”, que  se identificaba con el dicho popular que decía: “En juny, la roba lluny i la corbella a punt”, en clara alusión a despojarse de la ropa y aplicarse a la siega del trigo. La fecha que cerraba la “renda” se resumía con ésta otra cita: “En sant Miquel, tot a ràpel”. La explicación de esta frase se encuentra en que en los campos, después de la recolección o “collita”, quedaban restos o sobrantes agrícolas, que otros aprovechaban y recogían en su beneficio, previa autorización o consentimiento del dueño. Esta labor se conocía con el nombre de “espigolar”, que viene de espiga, y significa coger las espigas que han quedado en un campo después de la siega. La “renda” implicaba la salida o el éxodo de la población hacía el campo, para instalarse en el mismo, y hacerse cargo de su producción. Esta  actividad  se definía con la frase: “anarse a la casseta”. Eran lo mismo “anar a la renda” que “anar a la casseta”. Ambos términos, hacían referencia a la recogida de resultados, dicho en términos bursátiles. Entre el vecindario, se comunicaban unos a otros,  la marcha a “la casseta”.  En la villa de Jávea, como región marítima templada, han existido variedad de cultivos, tanto en terrenos de secano como en lugares aptos para las hortalizas. En el cultivo de secano (almendros, olivos, algarrobos…), destacaba éste último, por la espectacular belleza de su tronco y ramas tortuosas e irregulares, que alcanzaban una altura de 8 a 10 metros. Su producto, la algarroba era tan válido para la alimentación de caballerías como para la fabricación de chocolates y otras aplicaciones industriales. La influencia de los árabes durante su dominación en España, permite pasar de cultivos de secano, a la feracidad de los cultivos de regadío, en donde están comprendidos toda la variedad de plantas, desde las herbáceas (garbanzos, lentejas, guisantes…), hasta las productoras de hortalizas (melones, patatas, y tomates…). La “renda” finalizaba con el corte de la uva, operación conocida como “tallar el raim” y su posterior paso por cañizos, sequeros y riu-raus hasta transformarse en pasa,  o al “cup” para ser chafada y convertida en vino.

Si la “renda” tiene como fin el resultado agrícola de la recolección, mirando al pasado, tuvo un protagonismo histórico hace setenta y siete años, en la guerra civil española. Me explicaré. Cuando estalló el alzamiento nacional en julio de 1936, muchas familias habían abandonado ya el núcleo de población para trasladarse a la “casseta” y ocuparse de la “collita”. Este hecho, supuso que muchas familias, intentando protegerse de los peligros en que podía verse envuelta en aquellos revolucionarios tiempos, permanecieron los tres años de contienda escondidos en el campo, a salvo de las tropelías y persecuciones del Frente Popular. Uno de sus dirigentes, Joaquín Mengual, (“Pardico), según relata Antonio  Pons Guardiola en su libro Aquell poble, era un obrero frío, calculador y cruel. Este individuo, dio rienda suelta de su odio hacia las clases conservadoras del pueblo cometiendo una serie de desmanes, extorsiones y ordenando el asesinato de sus conciudadanos por el simple hecho de vestir corbata, lucir sombrero o ser simpatizante de la Iglesia. El “Pardico”, se incautó de las mejores casas del pueblo para establecer en ellas sus comités, así como para su acomodo personal o cárcel para sus perseguidos políticos. Una de las familias, que la “renda” salvó del peligro de sus vidas, fue la  que fuera mas tarde sacerdote de gran arraigo y talla intelectual don Juan Ortolá Segarra. Huérfano de padre, su abuelo materno se hizo cargo del mismo y se lo llevó con 11 años al campo. Allí estuvo seguro, y aprendió las labores del campo, a falta de su escolarización. Si en la “renda” normal se obtenía el alimento para un año, los que vivieron en la “renda” durante la guerra, consiguieron asegurarse la vida.
                                     

                                             Vicente Catalá Bover
                                              Agosto de 2013

EL CARRO DE LA COMPRA Y EL CARRO DE LA VENTA

Este juego de palabras nos traslada del tiempo viejo al tiempo nuevo, en relación con el progresivo consumo en la alimentación humana. Asombra pensar, la cantidad y calidad de alimentos que necesitamos en el tiempo actual, comparado con la menor cantidad con que salíamos adelante en el pasado. Basta para ello, echar una mirada a los supermercados, para ver como van sobrecargados los carros de la compra, esos contenedores que solucionan nuestras necesidades alimenticias. El carro de la venta ( he dicho bien), en la Jávea de los años 40, después de la guerra civil, era el vehículo de tracción animal, es decir carro y macho, que nos acercaba y suministraba los alimentos a pie de casa. El carro de la compra, (el de hoy) es de tracción humana que nos lleva a localizar los mismos a pie de estantería. Cuando los primeros pobladores-veraneantes se asientan en la Caleta del port, Triana, El Montañar, Portichol y Calablanca (el resto, no estaba explotado), la provisión de productos para la subsistencia, se hacía a través del reparto domiciliario por medio de carros agrícolas. Del casco histórico y de Aduanas, salían carros, mocarros,  motocicletas, bicicletas y rudimentarias furgonetas que ofrecían al veraneante,  chalé por chalé, los productos necesarios para el alimento.  Carros, como el de Toni “Bufa”, que tenía el huerto en El Rebaldí iban cargados de hortalizas y legumbres, que principiando su itinerario en Triana y finalizando en el Arenal, iban pregonando su mercancía. A su paso por los chalés, salían las criadas o las  señoras de la casa a la carretera para hacer la compra. Cada tipo de género tenía su particular forma de transporte. El pan, procedeía de los distintos hornos del pueblo, cuyo reparto se realizaba en bicicleta por los matinales y ambulantes vendedores, como el esforzado y servicial Francisco Bas, “L`alemá”, que adaptaba a la misma un cajón repleto de pan, cuyo suministro llegaba hasta el Portichol. Tenía sus clientes fijos, que esperaban a pie de carretera, el pan de cada día. El hermano de éste, Batiste, se aplicaba al reparto de verduras en carromato, un vehiculo desaparecido. Otro conocido vendedor de pan era “Sanroc”, que distribuía el pan fabricado por Angelita Ortuño. El hielo en barras,  de la fábrica de Miguel Crespo “El pelut” y de Miguel Benavent, en Aduanas, y el pescado, lo servía Santacreu,  en una “rubia”, un coche cuya particularidad era que los laterales eran de madera. La carne, era la especialidad de Vicente Marzal, “L`anguerino”, familia procedente del pueblo de Enguera, y asentada en ésta villa, quien a golpe de pedal realizaba un largo recorrido a domicilio. La leche, aparte de adquirirse en las propias vaquerías, era transportada embotellada a domicilio. José Serrat, “El “Benissero”, fabricante de gaseosas y limonadas hacia el reparto en furgoneta. Otro  repartidor habitual era Ambrosio Ferrer, que regentaba con su mujer un horno-tienda, en Santo Cristo del Mar de Aduanas, y la venta ambulante la realizaba en moto a la que adaptaba un remolque para la mercancía. Pepe “El roig”, también de Aduanas, acoplaba a su moto una especie de sidecar para el transporte de su género. El salazón, que tradicionalmente formaba parte de la alimentación de las clases humildes y trabajadoras de Jávea, no tenía aceptación entre los forasteros.

Mención especial merece el pescado fresco, que llegaba al puerto al atardecer. Aquí los veraneantes, se reservaban el entretenimiento de adquirirlo por si mismos en la  pescadería del muelle (no se utilizaba entonces el término de lonja). Los del Montañar y Triana, a media tarde, después de sestear y  merendar, se acercaban en grupos de amigos o familiares, paseando, a la pescadería para comprar el pescado recién desembarcado. Una vea verificada la subasta de los distintos lotes de pescado, los comerciantes adjudicatarios de los mismos, se instalaban en improvisados mostradores de madera para venderlo. Para postre y como finalización, les diré, que uno de los dulces más exquisitos de la comarca, hoy desplazado,  era el arrope. El “Arrop”, era  una especie de confitura que se obtiene cociendo con mosto varios frutos (entre ellos la calabaza) hasta que aquel adquiere la consistencia de almíbar. Originario de Benigánim, sus vendedores lo pregonaban a gritos “!arrop amb talladetes!” y lo portaban en burros, en cuyas alforjas introducían las tinajas del apetitoso dulce.  Cuando se quería expresar la dulzura de carácter de una persona, se decía: “Es dolc, com l`arrop”.
  

                                                   Vicente Catalá Bover
                                                    Julio 2013  

EL NAUFRAGIO DE LA VIRGEN DEL CARMEN

O lo que es lo mismo, el naufragio de una devoción. La Virgen del Carmen es una advocación de la Virgen venerada en el monte Carmelo, que la Iglesia celebra el 16 de julio en España, y es Patrona de la Marina. Esta Virgen que es Patrona de los marineros, y que protege a éstos de los infortunios del mar, ahora es Ella la que está navegando por un mar proceloso, con marejadas y exaltación de ánimos, que necesita un cable de salvación. El mundo al revés. La  protectora de los marineros, necesita ser salvada para no ser tragada por las propias aguas de la que ella es guía y orientadora de  navegantes. No deseo, por respeto, y desconocimiento de las causas de la cuestión, tomar partido para no sembrar discordias. Solo pretendo exponer el ambiente de descontento que se palpaba y se vivía el 16 de julio en Aduanas del Mar.

Desde siempre, llegado el evento, el poblado de Aduanas, se llenaba de entusiasmo religioso, y la marinería celebraba con alegría y esplendor la festividad de su Patrona. Se oficiaba un misa solemne, anunciada con general volteo de campanas,  con un nutrido clero, un coro parroquial especialmente entonado y una procesión marinera donde la Virgen, capitaneando una barca de pesca se hacía a la mar. Tomaba  rumbo al centro de la bahía, en donde era vitoreada entre flores y toques de sirena por las embarcaciones que la escoltaban en su singladura. En pleno mar se elevaba un recuerdo y se rendía  homenaje a los marineros fallecidos.  Los curtidos rostros de los  “lobos de mar”, con mirada emocionada a ese mar de sus peligros y de su pan de cada día, elevaban plegarias a la Patrona, que al tomar tierra firme era recibida con salvas. En una palabra, una devoción y una festividad que  ahora “hace aguas”. Una tradición en peligro de extinción y de naufragio. Llega la hora del SOS para la Virgen, pero esperemos que no se llegue a la situación del sálvese quien pueda. Cómo podríamos pensar que la Virgen del Carmen va camino del naufragio?  cuándo es Ella la que nos tiende su manto protector? Esto en lo tocante a lo celestial. En lo  terrenal, las causas de ésta zozobra poniendo en peligro la festividad de la Virgen, son un conjunto de circunstancias, de personas y de instituciones que han rolado trayendo aires de renovación. Y que están provocando malestar, preocupación y perturbación en la devoción de la población marinera.

El pasado 16 de julio del presente año, por primera vez se podía palpar en el ambiente un reprimido desengaño y frustración en la forma en que se vivió y se desarrolló la fiesta religiosa. Cuando una festividad religiosa está unida a un componente gremial (como es el caso), en el que puedan surgir diferencias e intereses económicos y laborales contrapuestos, ocurren estas cosas y surge la pérdida del rumbo. Las causas de ello,  no las voy a desentrañar, por las razones expuestas. Sobre todo porque no tengo  derecho a opinar y polemizar en un tema del que carezco de información, y del que no he sido llamado a tomar parte.  Solo me limito a comentar el estado de cosas, sin inculpar, ni señalar las correspondientes responsabilidades. El caso, es que se ha levantado mala mar, y como los marineros saben, las aguas encalmarán a su debido tiempo. Ahora el clima es tenso, y la prudencia manda guardar silencio y respeto en espera de mejores aires. Una simple misa, con el cántico final de la Salve marinera fue toda la festividad dedicada a Nuestra Señora del Carmen. Pero aquí, hay recursos para salvar ésta situación. Tenemos a la Virgen de  Loreto, también  Patrona de los marineros. Si la devoción a la Virgen del Carmen,  está en crisis  (por el momento), disponemos de la “otra” vocación mariana, la devoción entrañable y tradicional a la Virgen de Loreto, de gran arraigo y calado entre la marinería. Es poco común y original, que en un país existan dos co-Patronas, la del Carmen y la de Loreto. Un “recambio” venido del cielo, que en estos momentos en que la nave de la del Carmen empieza a tener vías de agua, podamos hacer frente a la marejada, acudiendo al auxilio de la Mare de Dèu de Loreto. En el fervor a ésta, no hay interferencia gremial alguna, ni intereses materiales. Existe una devoción pura y llanamente religiosa. Se habrán dado cuenta los lectores, del privilegio que supone tener dos Patronas. La Virgen del Carmen y la de Loreto. Están ahí para certificarlo. Recambios que nos manda la Virgen.
 

                                              Vicente Catalá Bover
                                               Julio 2013

PLAYA DE LA GRAVA, 1.910

Playa de la Grava, 1.910

domingo, 22 de septiembre de 2013

EL TRENCALL

El territorio que comprende el término municipal de Jávea, está formado por colinas, llanuras y salientes al mar que definen su relieve terrestre y determinan la belleza de la misma. Las colinas son los tossals (grandes y pequeños), las llanuras son el Pla y  la Plana, y los salientes son los cabos San Antonio, San Martín, Negro y La Nao que conforman el litoral. El paisaje de los suaves montículos, y el perfil que ofrecen las calas de aguas transparentes protegidas por los cabos, son la tarjeta de presentación que la naturaleza ofrece a propios y extraños. Si los  accidentes orográficos que determinan la personalidad de la villa son conocidos por la historia o tradición local, hay otras deformaciones del terreno, cuyo nombre se desconoce, como es el caso del  lugar El Trencall, integrado en la partida de La Guardia. El origen y el significado de la palabra Trencall es tan confuso e incierto como lo puedan ser las palabras Xàbiga, Xàbia o Montgó. El diccionario de la lengua valenciana nos dice que “trencall” es “rompent”, “trencant”, y sobre esta cuestión la versión comúnmente aceptada es que es una irregularidad del terreno entre dos planos a distinto nivel. Así pues, se define el Trencall como una irregularidad del relieve terrestre que arrancando de una llanura, asciende y se eleva en forma brusca para alcanzar una altiplanicie o meseta de mayor altitud llamada Partida de la Guardia, desde la cual se divisa la belleza marina de la bahía y el boscoso llano del Plá.  El Trencall, en cierto modo, “rompe” la fisonomía del entorno. Romper, en valenciano es “trencar”. De ahí la significación de la palabra. En el Trencall se abrió un camino de carros agrícolas para ascender a la Guardia o descender al Pla. Téngase en cuenta que la carretera que conduce al cabo de La Nao, empezó a construirse en 1916. Antes de esa fecha, solo existían caminos de herradura para acceso a la  Guardia. Al mencionar éste lugar, hay que hacer un poco de memoria histórica. Durante buena parte del siglo XIX, España estuvo envuelta en las guerras de América y Marruecos para la defensa y conservación de sus colonas. Para el sostenimiento del ejército en tan lejanos frentes, recurrió a la venta de algunos de sus bienes patrimoniales. Uno de ellos fue el monte La Guardia, de propiedad estatal, con una extensión de siete millones de metros cuadrados, equivalentes a 8400 hanegadas, con abundantes aprovechamientos de madera, caza, y pastos. Esta finca fue adquirida por dos acaudaladas familias, los Bolufer  y los Bañuls (luego, Benimeli). Los primeros se adjudicaron la parte Este, hasta las estribaciones del cabo de La Nao y los Bañuls la parte Oeste hasta la cala de la Granadella. Estos nuevos propietarios cedieron a los vecinos el derecho de pastar y hacer leña en los mismos. En los años 70, en pleno desarrollo turístico, se creó la sociedad Pozos Reunidos, constituida por Pedro Benimeli, Eduardo Ballester y Antonio Catala, y cuya finalidad era la construcción de chalés. El primero de los socios, aportó parte de sus terrenos de La Guardia, y los otros el agua de sus pozos. Con estos componentes, promovieron la urbanización Costa Nova, integrada dentro de la Guardia y de la zona  del Trencall.

La progresiva  evolución de la Urbanización Costa Nova, determinaron que el matrimonio José Crespo Serrat (“Cuarteró”), un asalariado jornalero agrícola e Isabel Bisquert Sapena, una hacendosa mujer ama de casa, guiados por una predicción de futuro, invirtieron sus ahorros en la compra de una parcela a Pozos Reunidos. En ella construyeron un restaurante, al que denominaron El Trencall, por estar dentro de la Urbanización Costa Nova. El emprendedor matrimonio, se aplicó en el negocio, ella cocinando  paellas y él sirviéndolas, a una clientela integrada en buena parte por albañiles y operarios del ramo, que estaban construyendo los chalés de la naciente urbanización. Los adquirentes, nacionales y extranjeros, de estos chalés, se convirtieron en los nuevos clientes del establecimiento. Al jubilarse el matrimonio fundador, dejaron paso a sus vástagos Juan, Teresa y José Miguel, que  creciendo en un paisaje y aromas de pinos adquirieron la destreza de su madre en el manejo de las trébedes. Hoy, se da el caso curioso que decir Trencall, esta palabra se asocia más al restaurante, que al lugar de la Guardia que dio nombre a éste. El restaurante, ha absorbido, se ha “comido” la denominación del paraje donde se construyó.
 
                               Agosto 2013

AGUA DE JAVEA

El agua, como concepto y componente básico del planeta y de la civilización merece una reflexión previa. Haciendo un poco de historia, los romanos en el tiempo que duró su dominación en Hispania nos legaron  (aparte de la sabiduría jurídica concentrada en el derecho romano), entre otros monumentos, los acueductos para la canalización y distribución del agua a los núcleos de población. Siglos más tarde, los árabes, haciendo uso de su ingenio, idearon y construyeron sistemas de regadíos para el campo, contribuyendo con ello al desarrollo  de los territorios dominados por los mismos. Tanto unos como otros aportaron una cultura para el aprovechamiento del agua como bien esencial e indispensable de la vida. Los tiempos siguientes y la torpeza humana, han determinado a veces la aplicación incorrecta del agua. Es motivo de derroche festivo, cuando en las llamadas “poalàs” de algunos pueblos, los festeros se divierten lanzándose pozales de agua, en las calles y desde los balcones.

En el agua de Jávea, hemos de distinguir entre el agua de consumo humano y el agua destinado al riego agrícola. Esta última, procedente de pozos particulares, como Ribes, Bolufer, Antonio Catalá, Mompó, Ballester, Hermenegildo Bolufer “Rialla”,…etc. se suministraba a los distintos cultivadores de la tierra a través o por medio del “sequier”, el encargado del pozo, que en contacto con el agricultor le hacia llegar el agua en el tiempo y precio pactados. De estas aguas, hablaremos en otra ocasión. Hoy me referiré al problema del abastecimiento para consumo de la población que se produjo en los años 70, en pleno desarrollo turístico, y que se agravaba en la temporada estival. Esta villa, dotada de privilegiados paisajes y encantos naturales, sufrió en algunos años de esa década un alarmante desabastecimiento de agua a la población motivado por la gran demanda de la misma. Sus principales causas fueron la masiva llegada de veraneantes, la construcción de numerosos chalés, piscinas y jardines. Las reservas acuíferas se agotaron y el agua manaba salada, no siendo apta para  su consumo.

La solución para el grave problema creado a la corporación municipal, lo resolvió el Ayuntamiento, comprando agua de los pozos de la vecindad comarcal y de los de aquí. La imposibilidad de acometer una improvisada y rápida canalización de las aguas, para su distribución se remedió a base de auto-cubas, con las cuales se llenaban unos depósitos distribuidos en distintos puntos del término municipal, de los cuales el público se abastecía, en forma racionada, del agua. Ante la posibilidad de acaparamiento, se estableció un cupo de agua del que no podía salirse. Por éstas causas y motivo, los que obtuvieron buenos beneficios de ésta situación fueron los establecimientos comerciales, en donde el volumen de venta de agua embotellada fue muy elevado. Si el comerciante encontró beneficios, a los residentes y veraneantes les resultaba más gravoso el veraneo. Algunas familias, cuyo destino era el Mediterráneo, sin importarles grandemente cual fuera el lugar, preguntaban antes de decidirse por Jávea, si el agua continuaba salada o era ya potable. La contestación, en un sentido u otro determinaba la elección. Las plazas hoteleras, al igual que los alquileres y todos los servicios dependientes del fenómeno económico del turismo se resintieron lo suyo.  Aparte del trastorno e incomodidad que causaba el agua salada para el desenvolvimiento normal de las familias, tenía también su repercusión en el mundo doméstico, pues lavadoras, cafeteras y electrodomésticos en los que intervenía el agua, el mecanismo de los mismos y sus conductos se veían gravemente afectados por la salinidad del agua. En las estaciones de lavado de coches, había un cartel bien visible en la entrada a los mismos, en el se advertía “Lavado con agua dulce”. Cuando se palió el problema, el Ayuntamiento controló el consumo, y realizaba inspecciones, bajo pena de sanción si se cometían derroches. Como todo en ésta vida tiene su remedio, la solución al problema del agua salada, se solucionó con la construcción de una planta desalinizadora. El elevado coste de la misma, hizo subir el precio del agua, y se decía que era más cara que la cerveza. Según un experto, un catedrático de la facultad de Ciencias Químicas de la universidad de Valencia, que conoce el tema, ha comprobado que la calidad del agua de ésta planta, que abastece a la población, es de tanta calidad como lo pueda ser cualquier marca de agua embotellada.


                                       Julio 2013